Lucha contra el coronavirus y expansión de otras enfermedades.

LA LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS ESTÁ ACELERANDO LA EXPANSIÓN DE OTRAS ENFERMEDADES

Allay Ngandema, de tres años, recibe la comida de su madre, Maboa Alpha, en el área reservada a los enfermos de sarampión en el hospital Boso Manzi, República Democrática del Congo.

Un efecto colateral de la lucha contra la infección por covid-19 en los países con rentas bajas es la interrupción de muchos programas de vacunación y la consiguiente expansión de las enfermedades asociadas.

Al objeto de evitar la expansión del coronavirus, tanto la Organización Mundial de la Salud como UNICEF (acrónimo de United Nations Chidren’s Fund) recomendaron que se evitaran las reuniones de niños en dispensarios y clínicas locales, donde se suelen administran las vacunas de manera grupal.

Todavía peor: la paralización del tráfico aéreo imposibilitó la distribución de las vacunas y la llegada de los sanitarios. Todo aquello que no fuese coronavirus pareció pasar a un segundo plano.

La difteria está resurgiendo en Paquistán, Bangladesh y Nepal; los casos de cólera están aumentando en Sudán del Sur, Camerún, Mozambique y Yemen. Se ha notificado la aparición de una cepa mutada del virus de la polio (poliovirus) en más de treinta países.

El sarampión, que ya había reaparecido antes de la pandemia del SARS-Covid-2, se está propagando en Bangladesh, Brasil, Camboya, República Centro-Africana, Iraq, Kazajstán, Nepal, Nigeria y Uzbekistán.

De los 29 países que actualmente han suspendido las campañas de vacunación contra el sarampión debido a la pandemia, en 18 se han producido brotes de la enfermedad. Según la Measles and Rubella Initiative («Iniciativa [contra el] sarampión y la rubéola»), 178 millones de niños se hallan en riesgo de no recibir las vacunas en el presente año (2020). Todas las organizaciones, filantrópicas y gubernamentales, están instando a que los responsables sanitarios de estas naciones reanuden los programas de vacunación infantil, controlando hasta donde sea posible la expansión del covid-19.

Según un estudio realizado en el año 2019 por Vaccine Impact Modeling Consortium[1] los programas de vacunación de enfermedades prevenibles han evitado la muerte de 35 millones de personas, niños en su mayoría, durante los últimos veinte años.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, actual director de la Organización Mundial de la Salud, ha declarado que la interrupción, siquiera temporalmente, de los programas de vacunación debido a la actual pandemia de covid-19, podría echar a perder décadas de progreso en la prevención de trascendentes enfermedades. Un caso paradigmático es el resurgimiento del sarampión en numerosos países.

Sin embargo, los obstáculos para reiniciar las campañas de vacunación son importantes: de una parte muchos trabajadores sanitarios han derivado su quehacer hacia los enfermos y contagiados por SARS-Covid-2; y, de otro lado, muchos padres, algunos reticentes frente a las vacunas, evitan las clínicas y dispensarios locales.

UNICEF suministra vacunas a cien países, protegiendo al 45% aproximadamente de todos los niños menores de 5 años.

Durante una cumbre mundial a principios de este mes (junio 2020), GAVI (Global Alliance Vaccine Initiative), organización creada por la Bill and Melinda Gates Foundation anunció que había establecido compromisos para la entrega de más de ocho mil millones de dólares como contribución a los programas de vacunación en países de rentas bajas y medias, a la vez que se estaba preparando para financiar las vacunas contra el SARS-Covid-2 tan pronto estén disponibles.

Sin embargo, los problemas logísticos que dificultan la distribución de las vacunas ya establecidas, podrían complicar también el envío de la vacuna contra el SARS-Covid-2.

Para acceder a comunidades aisladas en el bosque lluvioso tropical los sanitarios deben, en ocasiones, viajar en canoas por los ríos, acompañados de intérpretes de los dialectos locales. Las gentes de esos apartados lugares han oído hablar de la pandemia, pero son reacios a vacunarse contra otras enfermedades que ignoran, creyendo que asumen riesgos de contraer el nuevo virus si aceptan que a sus hijos se les administren las inyecciones. En estas remotas regiones el sarampión, mucho más mortífero que el covid-19, ya ha adquirido dimensión epidémica.

Para empeorar las cosas, el pasado mes de abril, dos investigadores afirmaron en la Radio Televisión francesa (ORTF) que las vacunas contra el coronavirus SARS-Covid-2 deberían ensayarse en África. Este comentario avivó los odiosos recuerdos del colonialismo francófono, sobre todo en lo que hoy día es la República Democrática del Congo, que fue parte del llamado Congo Belga, de horrible historia. Estos comentarios pueden incrementar, con razón, las suspicacias hacia la medicina occidental.

Mientras muchos padres, tras explicación persuasiva, nunca por imposición, aceptan vacunar a sus hijos contra el sarampión y otras enfermedades prevenibles, otros rechazan la administración de las vacunas, dejando a sus hijos vulnerables frente a enfermedades graves y con frecuencia mortales.

La República Democrática del Congo (antiguo Zaire), segundo país más extenso de África después de Argelia, decidió el pasado mes de enero (2020) iniciar un programa nacional de inmunización. La urgencia se debía a la epidemia de sarampión que brotó en el año 2018, habiéndose notificado hasta ahora más de 60.000 casos y 800 muertos, niños en su mayoría. Además, el virus hemorrágico ébola ha resurgido (sucede esporádicamente), junto un repunte de tuberculosis y cólera.

La República Democrática del Congo inició en 2018 un programa de inmunización en nueve provincias. Fue un relativo éxito teniendo en cuenta la extensión geográfica y las precarias infraestructuras del inmenso país. Solo en la capital (Kinsasa) el porcentaje de niños vacunados aumentó del 42 al 62% (datos de 2019, últimos disponibles).

Esta primavera cuando se estaba preparando la campaña de vacunación del presente año apareció la pandemia de covid-19[2]. Las campañas de vacunación, que se llevan a cabo juntando a cientos de niños en patios colegiales o mercados, era inviable dado el riesgo de propagación del coronavirus SARS-Covid-2. Incluso la inmunización de rutina, que se realiza en dispensarios y clínicas locales, se interrumpió en muchas regiones. Además, el distanciamiento social en determinadas comunidades de países con bajos estándares de vida (favelas, campos de refugiados, caravanas de inmigrantes, etc.) es impensable.

Las autoridades de salud de la República Democrática del Congo permitieron que la vacunación contra el sarampión continuase en aquellas áreas donde esta enfermedad se ha tornado endémica, siempre que no se hubiesen notificados casos de covid-19. Sin embargo, la pandemia paralizó los vuelos internacionales que traerían suministros médicos, y varias provincias comenzaron a quedarse sin vacunas contra la poliomielitis, el sarampión y la tuberculosis[3].

Cuando finalmente los suministros llegaron a la capital, Kinsasa, no se pudieron llevar a otros lugares del país porque los vuelos domésticos estaban cancelados. La distribución por vía terrestre o fluvial era impracticable. Naciones Unidas utilizó sus aviones para llevar a cabo una distribución, que aunque voluntariosa resultó a todas luces insuficiente. Además, algunos trabajadores sanitarios dejaron de actuar al carecer de mascarillas, guantes y gel desinfectante. Otros, fueron redirigidos al tratamiento de enfermos de covid-19.

La situación con la poliomielitis (apocopada polio) es especialmente alevosa; más de 85.000 niños congoleños no han recibido la vacuna. Un brote de esta enfermedad podría echar a perder décadas de lucha contra la enfermedad, prácticamente erradicada en todos los países desarrollados.

La situación es especialmente inquietante en Paquistán y Afganistán, donde se han registrado 61 casos de poliomielitis causada por el virus de la polio salvaje tipo 1. En otros países, Chad, Ghana, Etiopía y, otra vez Paquistán, han aparecido casos de poliovirus tipo 2, mutados por la presión de selección ejercida por la vacuna oral (con virus atenuados) de Albert Sabin[4], de uso generalizado en la mayoría de los países.

Con todo, la enfermedad que más preocupa a los funcionarios de salud es el sarampión. El virus causante es altamente contagioso[5] (más que el coronavirus SARS-Covid-2). Si una persona no-vacunada entra en una habitación donde ha estado un enfermo de sarampión 1 o 2 horas antes, la probabilidad de contagiarse es del 100%.

En niños de menos de 5 años, la mortalidad por sarampión se halla en el rango 3% a 6%, incrementada por condiciones de hacinamiento (campos de refugiados, por ejemplo), desnutrición e higiene precaria. La muerte sobreviene por complicaciones como neumonía, encefalitis e incluso diarrea grave no controlada.

En 2018 (último año con datos disponibles) se produjeron en todo el mundo alrededor de 10 millones de infecciones por sarampión, con 142.300 fallecimientos; y todo ello a pesar de un mejor funcionamiento de los programas de inmunización.

Otro ejemplo es Etiopía, país de origen del actual director de la Organización Mundial de la Salud. Antes de la pandemia [covid-19], el 91% de los niños de la capital, Addis Abeba, recibieron la primera dosis de la vacuna contra el sarampión[6], porcentaje que fue del 29% en áreas rurales. La llamada «inmunidad de rebaño»[7], con la que se evita la aparición de un brote infeccioso potencialmente epidémico, se consigue cuando la cobertura es del 95% o superior (tras la administración de dos dosis de vacuna). El gobierno etíope, contra toda lógica, interrumpió la vacunación en abril, centrando sus esfuerzos en la lucha contra el coronavirus. Desde entonces los casos de sarampión en el país etíope no han dejado de aumentar.

No solo en países con bajos estándares de desarrollo socioeconómico han visto frenados los programas de vacunación. En Estados Unidos, desde la aparición del coronavirus SARS-Covid-2 los índices de vacunación de las enfermedades prevenibles han disminuido de manera muy significativa.

Se estima que alrededor de 80 millones de niños menores de 1 año se hallan en riesgo de interrumpir (o no iniciar) los programas de vacunación, hecho que pone en grave riesgo su salud y su supervivencia.

Un aspecto del problema es que muchos países, con presupuestos sanitarios muy reducidos, han derivado todas sus partidas de gasto a la lucha contra el covid-19, desatendiendo otros aspectos, incluso más importantes para la salud y prosperidad de sus nuevas generaciones.

Zaragoza, a 24 de junio de 2020

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Florentino Ballesteros, 11-13

50002 Zaragoza

[1] Vaccine Impact Modeling Consortium está constituido por un grupo de académicos de Salud Pública.

[2] Declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo (2020).

[3] La vacuna BCG (Bacilo Calmette Guérin).

[4] La vacuna inyectable contra la polio formulada con virus muertos fue desarrollada por Jonas Salk, con anterioridad a la vacuna oral (con virus atenuados) de Albert Sabin.

[5] Mediante aerosoles al hablar, respirar o toser, permaneciendo largo tiempo en suspensión en el ambiente.

[6] La vacuna contra el sarampión, junto a las de la rubéola y parotiditis, constituye la denominada «triple vírica».

[7] «Inmunidad de rebaño»: es la inmunidad que deriva de la interrupción de la progresión geométrica (exponencial) de la transmisión de un patógeno, cuando un elevado número de personas susceptibles ha sido vacunada.

Share this post

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*