La famosa consultora de opinión Gallup, fundada por George Gallup en el año 1935, consideró a Elisabeth Kenny, una enfermera australina, la persona más famosa del mundo en el lejano año de 1952. Hoy día, Elisabeth Kenny (Sister Kenny) es una mujer apenas conocida.

Su nombre y su interesante historia han resurgido de los archivos históricos gracias a una biografía “Polio Wars: Sister Kenny and the Golden Age of American Medicine” escrito por Naomi Rogers, historiadora de la Universidad de Yale, New Haven, Estados Unidos. Su fama se enmarca en la época en que la poliomielitis era un grave problema médico mundial. Hoy día la polio (apócope de poliomielitis) ha sido erradicada de las sociedades desarrolladas, persistiendo en regiones afligidas por conflictos (frontera entre Afganistán y Paquistán, Somalia, noreste de Nigeria, y regiones en guerra de Siria y norte de Iraq). Las prácticas heterodoxas de Elisabeth Kenny con enfermos de polio chocaban frontalmente con la práctica médica tradicional que sacralizaba (y lo sigue haciendo) la realización de ensayos clínicos para validar tanto la eficacia de los fármacos como los procedimientos médicos. Los estudios clínicos tratan de minimizar dos sesgos: el efecto placebo para lo que se realizan estudios controlados; y el azar por lo que se llevan a cabo estudios aleatorizados.

Cuando Elisabeth Kenny nació en Australia en el año 1880, el continente austral era un lugar lejano, geográfica, cultural y socialmente. Hasta no hacía mucho tiempo era lugar de prófugos, desterrados y aventureros. Elisabeth Kenny comenzó trabajando como enfermera en el ambito rural. Y probablemente así habría continuado de no ser por la Primera Guerra Mundial. Durante la estancia de la Royal Navy entró a trabajar como enfermera para la Armada Británica, siendo reconocida con el título honorífico “Sister”, equivalente femenino a lugarteniente. Era conocida como Sister Kenny, creándose la opinión de que era religiosa, pero Elisabeth Kenny nunca fue monja.

Durante las décadas de 1920 y 1930, la poliomielitis hacía estragos en todo el mundo, incluido Australia. Aproximadamente uno de cada doscientos infectados desarrollaba afectación de las fibras nerviosas que, partiendo de la médula espinal, inervan las fibras musculares. La mayoría de los infectados eran niños o adultos jóvenes. Un caso célebre de infectado por polio cuando ya era adulto, fue Franklin Delano Roosvelt, quien, a pesar de las secuelas de la polio, llegó a ser trigésimo segundo Presidente de Estados Unidos, alcanzando la Presidencia por primera vez en el año 1932, siendo reelegido otras tres veces hasta su fallecimiento en el año 1952 durante su tercer mandato. [La limitación de mandatos del Presidente de Estados Unidos se produjo más tarde mediante una Enmienda a su Constitución].

Los primeros síntomas de la infección por el virus de la polio eran relativamente inespecíficos: fiebre elevada y dolores generalizados.En algunos desafortunados, la enfermedad progresaba causando distintos grados de parálisis durante las siguientes horas o días tras la aparición de los primeros síntomas. En muchos casos, la parálisis llegaba a afectar a los músculos respiratorios, requiriendo los primitivos sistemas de respiración asistida, denominados “pulmones de acero”, precursores de los modernos y muchos menos impresionantes sistemas de respiración asistida. Entre un 5% un 10% de los afectados por la polio fallecían; y casí la mitad de quienes se infectaban sufrían parálisis permanente de distinta gravedad.

Elisabeth Kenny ya había asistido a enfermos de polio durante su trabajo como enfermera rural, observando que la aplicación de tejidos de algodón calientes y el ejercicio muscular parecían aliviar el dolor de los pacientes al mejorar sus contracturas (acortamiento muscular) que creía eran consecuencia de espasmos musculares, y que contribuían a dañar más los nervios que inervaban dichas masas muscualres. Todavía más: Elisabeth Kenny estaba convencida de que los pacientes debían jugar un papel activo en su recuperación, aprendiendo los nombres y la función de los músculos afectados. Este proceder chocaba con el tratamiento convencional de la polio, que enfatizaba en entablillar los músculos para inmovilizar los miembros. La medicina de la época creía que el reposo protegía los miembros dañados y que las contracturas persistentes precisaban tratamiento quirúrgico.

El éxito aparente de Sister Kenny (Elisabeth Kenny) le llevó por toda Australia; y desde allí a Gran Bretaña. Sin embargo, fue en Estados Unidos donde logró su fama y donde vivió el resto de su vida. Se estableció en Minneapolis (Minnesota), abriendo la Elisabeth Kenny Clinic donde trataba enfermos de todo el país. Su fama hizo que Hollywood contase su hitoria en una película “Sister Kenny” (1946), protagonizada por Rosalind Russell y dirigida por Dudley Nichols.

Elisabeth Kenny atrajo el apoyo de pacientes y familiares, quienes tenían plena confianza en que su proceder restauraba la fortaleza y movilidad. En el año 1943, Elisabeth Kenny escribió una autobiografía titulada “And They Shall Walk” describiendo sus años de experiencia con pacientes infectados por la polio. La National Foundation for Infantile Paralysis que más tarde llegó a ser conocida como The March of Dimes, contribuyó financieramente a sus prácticas.

Pero no todo fueron parabienes. Elisabeth Kenny también fue criticada. Los médicos y fisioterapéutas confiaban en los resultados de la inmovilización arguyendo que no existía base científica para la terapia que proponía Elisabeth Kenny. Además la medicina clásica creía necesaria la realización de ensayos clínicos controlados y aleatorizados (que nunca se llevaron a cabo) para determinar de modo indubitado la utilidad de los métodos de Elisabeth Kenny

Pero el rechazo de la American Medical Assocition y, en general, del stablishment médico hacia las prácticas de Elisabeth Kenny trascendían sus propias prácticas. En primer lugar, Sister Kenny era una enfermera que, con su actuación, cuestionaba los métodos de la entonces muy prepotente clase médica; y, además, era una mujer.

Elisabeth Kenny consideraba innecesaria la realización de estudios clínicos. Su propia experiencia al lado de la cama del enfermo era, en su opinión, la mejor prueba de la validez de sus prácticas. La actuación proactiva con los afectados de parálisis poliomielítica daba, según su criterio, mucho mejores resultados que la actitud conservadora imperante en la medicina de la época. Para ella, la evidencia empírica era suficiente.

¿Actuó Elisabeth Kenny de modo correcto? : sí y no. El énfasis de Elisabeth Kenny en la movilización temprana en los pacientes con parálisis poliomielítica se ha trasladado también a otras patologías del ambito de la Medicina Fisica. Por el contrario, sus consideraciones sobre la naturaleza de la poliomielitis y los resultados a largo plazo de sus prácticas con estos pacientes no tuvieron éxito. El desarrollo de vacunas para prevenir el contagio del virus de la polio durante las décadas de 1950 y 1960 terminaron con el debate y relegaron al olvido a Elisabeth Kenny (Sister Kenny). [Recordar que existen dos vacunas contra la polio: la vacuna inyectable a base de virus inactivados desarrollada por Jonas Salk; y la más común vacuna oral con virus atenuados de Albert Sabin].

La historia de Elisabeth Kenny (Sister Kenny), en estos tiempos donde tal vez se sobrevaloren los ensayos clínicos controlados y aleatorizados, vuelve a enfrentar dos actitudes médicas: la medicina basada en la evidencia frente a la medicina al lado de la cama del paciente (medicina empírica).

Zaragoza, 7 de septiembre de 2016

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

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El prestigioso virólogo Hilary Koprowski, cuyo óbito se produjo el 11 de abril (2013) a los 96 años, se inoculó a sí mismo una preparación rudimentaria frente a la polio (causada por enterovirus de la familia picornaviridae) antes de que las vacunas de Jonas Salk y Albert Sabin estuvieran disponibles. La vacuna de Hilary Koprowski fue terminada en un modesto laboratorio (casi una cocina casera) un día de enero del año 1948, en Pearl River, New York, unas 20 millas al norte de Manhattan.

El nombre de esta familia vírica (picornaviridae) deriva de su ínfimo tamaño (prefijo “pico” y de ser ARN – RNA, en su transcripción al inglés-).

Hilary Koprowski fue uno de los más prominentes investigadores biomédicos, llevando a cabo trascendentes innovaciones, entre las que se incluyen una versión más efectiva y segura, a la vez que menos dolorosa, de la vacuna contra la rabia, que estuvo vigente durante largo tiempo.

Su contribución científica más brillante fue el desarrollo de una vacuna contra la polio cuyo éxito pronto quedó eclipsado por la vacuna inyectable desarrollada por Jonas Edward Salk en el año 1955, seguida un lustro más tarde por la vacuna oral conseguida por Albert Bruce Sabin a comienzos de la década de 1960.

Según David M. Oshinsky, autor de un maravilloso libro, “Polio: An American Story” (lectura muy recomendable) “mientras Jonas Salk es un dios en América, y Albert Sabin logró una enorme popularidad, Hilary Koprowski, que debería tomar parte del triunviro de investigadores contra la polio, es de hecho un hombre olvidado”.

Desde el principio, la vacuna del Dr. Koprowski, preparada a partir de virus vivos, fue el arma más codiciada en la guerra contra la polio. Esta vacuna se podía administrar por vía oral siendo más barata que las vacunas preparadas en formulación inyectable. Además, dado que la vacuna estaba elaborada con virus vivos, confería inmunidad a la comunidad, a diferencia de la vacuna de Jonas Salk, elaborada con virus inactivados por tratamiento con formaldehído.

En las vacunas preparadas con virus vivos, éstos deben tener su virulencia muy atenuada, de manera que sean capaces de inducir la síntesis de anticuerpos pero sin causar los graves efectos neurológicos asociados a la infección.

La vacuna preparada por Hilary Koprowski era verdaderamente eficaz. Sin embargo, aun cuando se utilizó en muchos países, su uso nunca se autorizó en Estados Unidos.

Hilary Koprowski fue el superviviente de tres grandes virólogos de mediados del siglo XX: Albert Sabin falleció en el año 1993; Jonas Salk murió dos años más tarde, en 1995. Retrospectivamente surge una cuestión importante: ¿por qué en la era de la búsqueda urgente de una vacuna frente a la polio la eficaz vacuna del Dr. Koprowski jamás llegó a utilizarse?

La respuesta, no unívoca ni simple, hay que buscarla en una compleja y contradictoria confluencia de intereses científicos, políticos y personales.

Hilary Koprowski fue durante más de tres décadas Director del Wistar Institute, un centro de investigación biomédica en Philadelphia. Quienes le conocían lo describían como un trabajador titánico, de personalidad controvertida. Había huido de su Polonia natal tras la invasión nazi. Era un virtuoso pianista, hablaba con fluidez siete idiomas, además de ser coleccionista de cuadros de viejos maestros de la pintura. [Albert Sabin era también polaco de nacimiento].

Su controvertida personalidad, un verdadero outsider, pudo haber sido determinante del destino de su vacuna, en palabras de su biógrafo, Roger Vaughan (“Listen to the Music: The Life of Hilary Koprowski”, año 2000).

Hoy día existe consenso acerca de que la vacuna del Dr. Koprowski a base de virus vivos, con su demostración de eficacia y seguridad, pavimentó el camino para la aceptación de la posterior vacuna oral de Albert Sabin. Y, en verdad, fue esta vacuna oral (más que la vacuna inyectable de Jonas Salk) la que redujo la poliomielitis a una enfermedad infecciosa residual en remotas regiones del mundo.

Hilary Koprowski había nacido en Varsovia (Polonia) un 5 de diciembre de 1916. Asistió al Conservatorio de Varsovia, al mismo tiempo que estudiaba medicina, logrando su Licenciatura en el triste año de 1939. El 1º de septiembre de ese año, las tropas de la Alemania nazi invadieron Polonia, comenzando la 2ª Guerra Mundial.

Su condición de judío hizo que su familia abandonara el país, continuando sus estudios en Roma antes de emigrar a Rio de Janeiro (Brasil), donde trabajó en la Rockefeller Foundation’s Yellow Fever Research Service.

En el año 1944, Hilary Koprowski se desplazó a Estados Unidos incorporándose a Laboratorios Lederle [perteneciente a la empresa química American Cyanamid, adquirida en el año 2000 por la empresa química alemana BASFacrónimo de Basdische Anylin und Soda Fabrik]. La antigua Lederle tenía su sede en Pearl River. Y fue aquí, donde a finales de la década de 1940 Hilary Koprowski inició sus trabajos sobre la polio.

A mediados del siglo XX, solo en Estados Unidos se comunicaban cada año entre 20.000 y 60.000 nuevos casos de polio, la mayoría en niños. En el año 1938, el entonces Presidente Franklin D. Roosevelt, quien contrajo la polio ya de adulto, creó lo que se convertiría en la Fundación March of Dimes, que financió las investigaciones que condujeron a las vacunas de Jonas Salk y Albert Sabin.

Hilary Koprowski llegó al mundo académico desde la industria farmacéutica, lo cual no estaba demasiado bien visto en aquella época. Si hubiese venido de la comunidad universitaria probablemente habría recibido financiación de March of Dimes, y su nombre habría estado en la élite de la investigación en virología.

Ya en la década de 1930, los investigadores habían ensayado dos potenciales vacunas elaboradas a partir de virus inactivados, un procedimiento más seguro frente a las vacunas con virus vivos con su virulencia atenuada. Tristemente, los virus mantenían un grado de virulencia inaceptable y durante los primeros ensayos con estas vacunas se produjeron casos graves que causaron parálisis a varios niños. Este primer fracaso retrasó durante varios años el desarrollo de las vacunas contra la polio.

El primer éxito de vacunas hechas con virus vivos atenuados fue la fiebre amarilla, desarrollada a finales de la década de 1930, por el virólogo Max Theiler, galardonado por este hallazgo con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el año 1951.

El método Theiler ideado para la atenuación de la virulencia de los virus consistía en una serie de inyecciones en células de embriones no humanos, incluyendo ratones y pollos. A finales de la década de 1940, Hilary Koprowski decidió adaptar el método Theiler  para inactivar los virus de la polio.

Se descubrió que la rata del algodón era susceptible de infectarse con la polio. Así comenzaron los ensayos inyectando el virus en los cerebros de estos animales. La idea en que se fundamentaba este modo de proceder era la siguiente: cuando un virus prospera con éxito en un animal experimental (en este caso, un roedor), el mismo virus pierde virulencia (capacidad de multiplicación) en los humanos. Usando esta técnica el Dr. Koprowski elaboró una vacuna formulada en solución líquida que probó él mismo en el año 1948. La vacuna oral que preparó no le causó efecto adverso alguno.

Dos años después (1950), Hilary Koprowski recibió una llamada de Letchworth Village, una residencia para niños con discapacidad mental, en Rockland County, New York. Sus responsables, temiendo una epidemia de polio, solicitaron a Hilary Koprowski ensayar su vacuna en estos niños. [Los requisitos éticos y legales para llevar a cabo este tipo de estudios no tenían nada que ver con las exigencias actuales]. Fue así como, en febrero de 1950 se llevó a cabo el primer ensayo de su vacuna en humanos. Inicialmente se vacunaron 20 niños.

Diecisiete de estos niños desarrollaron anticuerpos frente a la polio. [Los otros tres niños presentaban anticuerpos frente a la polio antes de la vacunación]. En cualquier caso, ningún niño sufrió complicaciones derivadas de la vacunación. El ensayo en niños discapacitados fue objeto de numerosas críticas, no tanto por experimentar en niños discapacitados (una práctica que entonces era relativamente común y aceptada socialmente), sino por haber usado una vacuna con virus de polio vivos.

En el año 1958, Hilary Koprowski administró su vacuna a cerca de 250.000 personas en lo que entonces era Congo Belga (más tarde Zaire, y hoy día República Democrática de Congo). En la prensa de la época se informaba de que la vacuna mostraba una total eficacia y seguridad.

[Su trabajo en el antiguo Congo Belga volvió a llamar la atención en la década de 1990 tras la aparición de dos publicaciones – la revista Rolling Stones y “The River”, del escritor Edward Hooper, donde se acusaba al Dr. Koprowski de haber expandido involuntariamente el virus V.I.H., causante del SIDA, a través de la inyección de vacunas de polio contaminadas con este virus, entonces desconocido, a finales de la década de 1950].

En el año 1960, Leroy E. Burney anunció que después de estudiar distintas vacunas preparadas a partir de virus atenuados causantes de polio, entre ellas las desarrolladas por Albert Sabin y Hilary Koprowski, la vacuna del Dr. Sabin tenía menos virulencia residual y, en consecuencia, se consideraba más segura.

Hilary Koprowski se quejó amargamente de la decisión, arguyendo, no sin razón, que si se hubiera usado su vacuna cuando se había formulado, a finales de la década de 1940, miles de niños en Estados Unidos no habrían padecido la infección y sus graves secuelas en forma de parálisis.

Wistar Institute, dirigido por el Dr. Koprowski entre los años 1957 y 1991 pasó de ser una moribunda institución victoriana a convertirse en un centro de investigación internacional de primer nivel. Fruto de investigaciones de vanguardia se crearon varias vacunas, entre ellas una contra la rubéola, desarrollada en la década de 1960 por Stanley Plotkin.

Además de los trabajos de Hilary Koprowski que mejoraron las vacunas antirrábicas durante la década de 1960, llevó a cabo investigaciones trascendentes que contribuyeron al futuro uso terapéutico de los anticuerpos monoclonales.

Hilary Koprowski trabajó también en la Universidad de Pennsylvania, que mantiene estrecha colaboración con Wistar Institute. Más tarde formó parte también del claustro de Thomas Jefferson University, en Philadelphia.

No obstante no haber recibido el reconocimiento por el desarrollo de la vacuna contra la polio, fue galardonado con la French Legion of Honor. Y en el año 2007 fue distinguido con la Albert B. Sabin Gold Medal, por su contribución al desarrollo de vacunas. ¡Ironía del destino!

Zaragoza, 8 de septiembre de 2016

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Albert Bruce Sabin, junto a Jonas Salk y Hilary Koprowski, este último injustamente olvidado, fueron los virólogos más importantes relacionados con el desarrollo  de vacunas contra la poliomielitis, apocopada como polio. Los tres trabajaron con denuedo hasta conseguir eficaces vacunas contra la polio. Benefactores de la Humanidad, Jonas Salk y Albert Sabin mantuvieron entre sí ásperas rencillas que trascendieron lo profesional, hasta el final de sus días. Triste ejemplo de las miserias personales que, en muchas ocasiones, acompañan los grandes logros científicos.

Albert Sabin falleció en 1993, a los 86 años, como consecuencia de un fallo cardíaco congestivo. El logro más trascendente de su actividad científica fue el desarrollo de una vacuna oral contra la polio, pocos años después de la comercialización de otra vacuna, esta inyectable, preparada por Jonas Edward Salk. La principal diferencia entre ambas vacunas radica en que mientras la vacuna de Jonas Salk está formulada con virus inactivados, la vacuna de Albert Sabin contiene virus atenuados (con patogenicidad residual) pero vivos.

La primera vacuna contra la polio, preparada por Jonas Salk, se comercializó en 1955. Albert Sabin se hallaba por aquel entonces involucrado en la elaboración de una vacuna oral. Muy poco tiempo después de la comercialización de la vacuna inyectable de Jonas Salk, el equipo que dirigía Albert Sabin en la Universidad de Cincinnati, consiguió la formulación de una vacuna oral contra la polio. Ésta fue ensayada durante el bienio 1958-1959 en la entonces Unión Soviética, donde se administró a millones de personas; y así mismo en presidiarios de Estados Unidos. Pero, aun antes de su masiva utilización, Albert Sabin se administró la vacuna a sí mismo y al resto de su familia. En el año 1961, seis años después de la autorización de la vacuna inyectable de Jonas E. Salk, la vacuna oral contra la polio de Albert Sabin se aprobó por las autoridades sanitarias en Estados Unidos. El hecho de que se pudiera administrar por vía oral fue determinante para que enseguida se convirtiera en la vacuna de elección.

Algunas vacunas de los primeros lotes fabricados dieron lugar a casos de polio con secuelas paralíticas. El hecho de que la vacuna se fabricase con virus vivos (atenuados pero no inactivados) se consideró responsable de las infecciones producidas por la propia vacuna, estimándose una incidencia aproximada de 1 caso por cada millón de dosis administradas. Albert Sabin nunca aceptó la relación causal entre los casos de polio y su preparado de vacuna oral; y, de hecho, la aceptación social y médica de la vacuna no se resintió.

El desarrollo de la vacuna de Albert Sabin fue la culminación de 20 años de investigación sobre la naturaleza, epidemiología y transmisión de tres tipos de virus estrechamente relacionados, todos ellos causantes de cuadros poliomielíticos asociados con parálisis infantil.

Albert B. Sabin también participó de manera muy activa en la investigación de vacunas antigripales. Durante el brote de gripe porcina en 1976 el gobierno federal norteamericano temió que se produjese una epidemia similar a la pandemia de gripe de 1918, la erróneamente denominada «gripe española[1]». Albert Sabin, que al comienzo se mostró favorable a la vacunación masiva de toda la población, cambió pronto de opinión, rechazando esta política de vacunación por innecesaria e incluso peligrosa. Finalmente la vacunación masiva no se llevó a cabo. Sin embargo, se produjeron varios centenares de casos de un grave síndrome (Guillain Barré[2]) asociados con la vacunación antigripal. Cabe prever que si se hubiese vacunado a millones de personas, esta grave polineuropatía habría causado una verdadera “epidemia” de casos de Guillain Barré.

Retomando el tema de la poliomielitis, en el año 1980 el gobierno de Brasil solicitó su asesoramiento para manejar un brote de polio. El gobierno brasileño había falsificado las estadísticas que había entregado a la Organización Mundial de la Salud durante la década de 1970. La incidencia de polio en Brasil a comienzos de la década de 1980 era diez veces superior al que reflejaban los datos de sus autoridades sanitarias. El estilo directo y franco del Dr. Sabin chocó frontalmente con las formas de proceder del gobierno brasileño que decidió prescindir de sus consejos.

Albert Sabin consiguió mantener el virus de la polio en cultivos tisulares in vitro. Este hecho, junto con la investigación en monos, hizo posible descubrir cómo se produce la infección humana. Hasta entonces se creía que el contagio se producía por vía respiratoria. El equipo de investigación del Dr. Sabin mostró que el virus invade primero el tracto digestivo, atacando más tarde el sistema nervioso. Descubrió, además, que existían de hecho, tres virus de la polio (más precisamente tres serotipos del virus de la polio). En un principio estos serotipos se designaban Brunhilde[3], Lansing[4] y León[5], que correspondían a los tipos 1, 2 y 3. Poco tiempo después los virus pasaron a designarse por su referencia numérica.

Albert Bruce Sabin había nacido el 26 de agosto de 1906 en Biaystok, Polonia, entonces integrado en el Imperio Ruso. [Polonia no restauró su independencia hasta el año 1918, con Jozef Pilsudski como jefe del Estado].

En el año 1921, huyendo de los pogromos antisemitas que surgieron tras el intento de invasión del país por el ejército rojo (el nuevo ejército de los soviets[6]), su familia emigró a Estados Unidos. Inicialmente trabajó como dentista en la consulta de su tío, que ya había emigrado con anterioridad. Pero pronto la investigación le cautivó, abandonando  la odontología. Su primeros trabajos de investigación se centraron en las infecciones bacterianas neumocócicas, doctorándose en 1931, justo el mismo año en que una grave epidemia de polio afectó a New York durante sus habituales tórridos veranos. He ahí la espoleta que le hizo cambiar su actividad investigadora hacia las enfermedades infecciosas del sistema nervioso, formándose exhaustivamente en patología, cirugía y medicina interna durante el año 1933; asistiendo durante el año siguiente (1934) al Instituto de Medicina Preventiva Lister[7], en Londres.

Regresó a New York en 1935, integrándose en el equipo investigador del Rockefeller Institute for Medical Research, adscrito a la Universidad Rockefeller.

A partir de 1939 Albert Sabin comenzó a trabajar en el Cincinnati and  Children’s Hospital Research Foundation, donde dirigía el departamento de investigación en virología. Tras la Segunda Guerra Mundial fue asesor del Cuerpo Médico del Ejército, estudiando diversas enfermedades que afligían a las tropas desplazadas en diversas regiones del planeta. Por ejemplo, aisló un virus transmitido por mosquitos flebótomos en las regiones bañadas por el Mediterráneo durante los meses veraniegos, responsables de un proceso febril tan molesto como inocuo. Pero también estudió el dengue («fiebre quebrantahuesos»), transmitida también por flebótomos, en las regiones del sudeste de Asia y África.

Albert Sabin estudió también el parásito Toxoplasma gondii, una infección vírica que causa encefalitis e inflamación del tejido cerebral.

Durante la fase final de la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a desarrollar una vacuna contra la encefalitis japonesa, una infección vírica. Se prepararon las dosis necesarias para inmunizar a los 70.000 soldados que preparaban la invasión de Japón, que finalmente no se llevó a cabo por las razones bien conocidas.

Una década después de la Segunda Guerra Mundial, el Dr. Sabin identificó un virus denominado echo-9, responsable de una enfermedad intestinal.

Tras estos trabajos Albert Sabin continuó su investigación sobre la poliomielitis en la Universidad de Cincinnati. Finalmente la vacuna oral contra la polio se consiguió en 1954. Por entonces ya se disponía de la vacuna contra la polio en formulación inyectable que había descubierto Jonas Salk.

El Dr. Sabin consiguió su vacuna oral mientras se estaba ensayando en Estados Unidos la recién descubierta vacuna inyectable de Jonas Salk. A fin de no interferir con el estudio que se estaba llevando a cabo, se decidió que la vacuna de Albert Sabin se ensayase fuera de Estados Unidos. Por esta razón la vacuna se administró durante los años 1958 y 1959 a millones de personas en la entonces Unión Soviética; e incidentalmente a presidiarios en Estados Unidos. Como los resultados fueron muy favorables, la utilización de la vacuna oral de Albert Sabin comenzó a probarse a partir de 1960, inicialmente en 180.000 niños de Cincinnati (Estados Unidos). Un año más tarde, en 1961, la vacuna se autorizó en Estados Unidos.

Mientras la vacuna de Jonas Salk a base de virus inactivados requería su administración por inyección, siendo precisas varias dosis para lograr una inmunidad permanente, una única dosis de la vacuna oral de Albert Sabin, hecha con virus vivos atenuados, ofrecía protección de por vida. Esta circunstancia determinó que la vacuna de Albert Sabin acabase por ser preferida, si bien algunos países continúan usando la vacuna inyectable de Jonas Salk. Una agria rivalidad surgió entre los dos prestigiosos virólogos, que persistió durante el resto de sus vidas.

Ya anciano, Albert Sabin, 84 años, respondió acerca de la vacuna de su colega Jonas Salk, afirmando: “…pura química de cocina; Salk no descubrió nada”.

Por su parte Jonas Salk declaró que “Albert Sabin nunca significó nada para mí. Cuando lo conocí en Copenhague en 1960 le dije que su vacuna era responsable de varias muertes” (referencia a varios casos de polio causados por los primeros preparados de la vacuna de Albert Sabin, si bien él nunca reconoció la relación causal con su preparado).

En el año 1970 el Dr. Sabin fue nombrado presidente del Instituto Weizmann de Israel, renunciando en 1972 por razones de salud.

En la última etapa de su vida científica se centró en la investigación de virus potencialmente carcinogénicos.

Albert Sabin recibió prestigiosos galardones; entre otros el Bruce Memorial Award, otorgado por el American College of Physicians, en 1961; el Feltinelli Prize, de la Accademia dei Lincei de Roma (Italia), en 1964; y el Lasker Clinical Science Award (conocido popularmente como el «Nobel Americano»), en 1965.

Contrajo matrimonio en 1935 con Sylvia Tregillus, de la que enviudó en 1966; casándose con Jane Warner, de la se divorció, contrayendo nuevamente matrimonio en 1972 con Heloisa Dunshee de Abranches.

 

[1] La denominación de «gripe española» tiene que ver con el hecho de que España, país neutral durante la Primera Guerra Mundial, notificaba los casos de gripe, mientras los países europeos ocultaban las cifras, al considerar dicha información de valor estratégico en el conflicto. Así pues se llegó a creer erróneamente durante algún tiempo que la epidemia de gripe se cernía a España. Su extensión fue global, estimándose una mortandad superior a la causada por la propia Primera Guerra Mundial.

[2] Síndrome Gullain Barré: polineuropatía post-infecciosa con entumecimiento y debilidad de los miembros que debuta a los entre 10 y 20 días de un proceso infeccioso respiratorio o, muy raramente, tras la administración de una vacuna. La recuperación suele ser completa, pero a veces extremadamente lenta. Existe una forma de rápida progresión denominada parálisis de Landry (radiculitis).

[3] Brunhilde (tipo 1), por el apellido del director del laboratorio donde se aisló a partir de la infección experimental de un chimpancé.

[4] Lansing (tipo 2) en referencia al nombre de la ciudad del estado norteamericano de Michigan, donde si aisló de un niño muy gravemente enfermo.

[5] León (tipo 3), por el nombre de la ciudad californiana homónima, próxima a Los Ángeles en la que se aisló a partir de un niño que terminó falleciendo debido a la infección.

[6] Muchos judíos sentían simpatía por la reciente Revolución en Rusia. No olvidemos que el propio Lenin (Vladimir Ilich Uliánov era su nombre real) tenía ascendencia judía.

[7]Jospeh Lister, microbiólogo británico (1827-1912), quien prestigió el uso de la práctica antiséptica durante y después de la cirugía.

Zaragoza, 5 de septiembre de 2016

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(Texto completo en: www.info-farmacia.com)

Jonas Salk (1914-1995) desarrolló la primera vacuna contra la poliomielitis (polio) a comienzos de la década de 1950. El anuncio de su descubrimiento le encumbró a la fama en la plenitud de su vida, 40 años de edad. Es difícil imaginar hoy día el impacto social del descubrimiento de una vacuna contra la polio, una temida infección vírica que condenaba a muchos afectados a vivir el resto de sus días unido a un respirador, el famoso «pulmón de acero» (ver fotografía que acompaña al texto), con graves secuelas paralíticas, y relativamente aislados de la sociedad para prevenir el contagio.

La vacuna contra la polio de Jonas Salk cambió la historia de la medicina. Si antes de la aparición de la vacuna el número de casos de polio con secuelas paralíticas en Estados Unidos rondaba cada año los 25.000, mayoritariamente niños, el primer año tras la introducción de la vacuna solo se produjeron 12 casos. En el año 1969 no se notificó ningún caso de muerte por infección poliomielítica en Estados Unidos. Hoy día la polio está erradicada en los países desarrollados; persistiendo residualmente en determinadas regiones del mundo, si bien los graves problemas de seguridad en algunos países (Nigeria, Paquistán, Afganistán, Siria, Somalia, Sudán del Sur, Eritrea) están dando lugar al surgimiento de nuevos casos.

Durante las primeras décadas del siglo XX, Estados Unidos sufrió brotes epidémicos, cada vez más graves, de polio. Cada nuevo brote epidémico tenía mayor morbilidad y mortalidad. El apogeo en Estados Unidos se alcanzó en la epidemia del año 1952: 58.000 casos, 3.000 muertes y un sinnúmero de supervivientes con secuelas paralíticas permanentes.

El punto de inflexión de la lucha contra la polio hay que situarla el 12 de abril de 1955, cuando Thomas Francis Jr[1], a la sazón en la Universidad de Michigan anunció en una conferencia de prensa en Ann Arbor, los resultados de un ensayo con 44.000 niños. La vacunación prevenía de modo efectivo el desarrollo de la temida infección poliomielítica. El estudio fue financiado por la  National Foundation for Infantile Paralysis que, andando el tiempo, pasaría a denominarse March of Dimes Birth Defects Foundation, focalizándose, como su nombre indica, en las malformaciones del nacimiento. El presupuesto para el estudio con la vacuna fue de 7,5 millones de dólares.

La noticia tuvo un enorme impacto social. En primavera de ese año (1955) el entonces Presidente de Estados Unidos, Dwigth Eisenhower designó al Dr. Jonas Salk como “benefactor de la Humanidad”.

Muy poco tiempo después del desarrollo de la vacuna del Dr. Salk, otro equipo de investigación dirigido por el virólogo Albert Sabin, en la Universidad de Cincinnati, preparó una vacuna oral contra la polio. Ésta, elaborada con virus vivos atenuados, desplazó pronto a la vacuna inyectable de Jonas Salk, formulada con virus muertos.

Entre ambos científicos surgió una rivalidad profesional que pronto tuvo su traslación a lo personal, que se prolongó hasta su muerte, ambos por insuficiencia cardíaca congestiva, y los dos a una edad relativamente parecida (80 años Jonas Salk, 86 Albert Sabin).

Jonas Edward Salk nació en New York un 28 de octubre de 1914, era el primogénito del matrimonio de Daniel B. y Doris Press Salk. Nació en un año decisivo y terrible para el mundo (inicio de la Gran Guerra), pero también en la aurora de una época científicamente brillante. La familia vivía en el Bronx, donde el joven Jonas asistió a la Townsend Harris High School, un centro para niños prometedores de familias con pocos recursos situado en Queens, NY. Se graduó en 1934, matriculándose en la Facultad de Medicina de la New York University, donde se graduó (Bachelor) en 1939. Ese mismo año contrajo matrimonio con Donna Lindsay, una compañera de universidad que había estudiado Trabajo Social. Ambos se divorciaron en el año 1968.

En el año 1942 Jonas Salk permaneció en el National Research Council (Universidad de Michigan), trabajando conjuntamente con el Dr. Thomas Francis Jr[2], un virólogo de prestigio internacional, estudiando el virus de la gripe. Durante estos trabajos se prepararon vacunas antigripales para las tropas que participaban en la Segunda Guerra Mundial. La pandemia de gripe de 1918 estaba todavía muy presente en el imaginario colectivo.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, su interés científico cambió de la gripe a la poliomielitis. Algunas potenciales vacunas contra la polio se habían fabricado antes de la guerra, pero siempre terminaron por fracasar al causar cuadros paralíticos en lugar de prevenirlos. Algunos expertos veían con desesperanza la posibilidad de lograr una vacuna eficaz. Sin embargo la polio representaba un problema de creciente gravedad por lo que la necesidad de una vacuna constituía una prioridad de primer orden.

Los primeros estudios mostraron que una potencial vacuna contra la polio debería incluir al menos los serotipos más frecuentes (tipos 1, 2 y 3, inicialmente denominados Brunhilde, Lansing y León).

En el año 1954 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina se concedió ex aequo John Franklin Enders, Thomas Huckle Weller y Frederick Chapman Robbins, por “su descubrimiento de la capacidad de los virus de la poliomielitis de crecer en cultivos de varios tipos de tejidos”. Usando esta técnica, los virus de la polio se mantenían en cultivo en células de riñón de mono. A continuación se inactivaban con formaldehído.

Cuando Jonas Salk logró la primera vacuna eficaz contra la polio era un científico relativamente joven (40 años), muchas veces enfrentado con colegas de más edad y, tal vez por ello, menos predispuestos a aceptar postulados científicamente arriesgados.

Mientras Jonas Salk continuaba con la investigación de la vacuna con virus muertos, algunos virólogos pensaban que la vacuna no funcionaría, siendo mejor apostar por la vacuna a base de virus vivos atenuados que se estaba investigando en la Universidad de Cincinnati por el grupo de trabajo dirigido por Albert Sabin. La vacuna de polio oral se autorizó en Estados Unidos en 1961.

Al poco tiempo de la introducción de la vacuna inyectable de Jonas Salk, un error de fabricación en un lote dio lugar a varios casos de polio. Se interrumpió la vacunación y fabricación hasta que se descubrió la causa de tal incidencia. Una vez se comprobó que la vacuna era verdaderamente eficaz, más allá de la incidencia, el Dr. Jonas Salk llegó a ser un verdadero héroe para el público. La prensa lo reverenciaba como una figura de la talla de Churchill o Gandhi.

Sin embargo, en la comunidad científica, tanto el Dr. Salk como su vacuna eran objeto de controversia. Esta aumentó cuando se desarrolló la vacuna oral de Albert Sabin que acabaría por desplazar a la vacuna inyectable de Jonas Salk. Esto se tradujo en una creciente enemistad entre los dos virólogos, que persistió el resto de sus vidas. La vacuna inyectable (vacuna de Jonas Salk) precisa de varias dosis de recuerdo para lograr una inmunidad permanente, mientras que una única dosis de la vacuna oral (vacuna de Albert Sabin) otorga inmunidad de por vida. Sin embargo, los primeros preparados de la vacuna oral dieron lugar a cuadros de polio con secuelas paralíticas, circunstancia que Jonas Salk aprovechó para desprestigiar la vacuna de su colega (que no amigo) Albert Sabin.

En el año 1963 se creó el Salk Institute for Biological Studies con la ayuda financiera de las March of Dimes y colaboración de la ciudad de San Diego, California, donde se halla ubicado. En este centro de investigación han trabajado varios premios Nobel, un galardón que le fue vedado a Jonas Salk, pero también a Albert Sabin.

Sin embargo, se le concedieron otros importantes reconocimientos a lo largo de su vida, entre otros el Albert Lasker Award, Robert Koch Medal, Mellon Institute Award, la United States Presidential Citation, y la Congressional Gold Medal. Fuera de Estados Unidos, recibió la Legión de Honor del gobierno francés; así como otros premios en países tan diversos como Reino Unido, Italia, Israel o Filipinas. Sin embargo nunca fue elegido miembro de la National Academy of Sciences en Estados Unidos.

La actividad científica de Jonas Salk también abarcó otras áreas, tales como la esclerosis múltiple y el cáncer. Además, investigó en la búsqueda de una “vacuna” contra el SIDA que se pudiera administrar a personas ya infectadas con el VIH (Virus Inmunodeficiencia Humana). De hecho se realizaron, sin éxito, diversos ensayos experimentales en cientos de infectados.

En sus últimos años, Jonas Salk se involucró en las humanidades, pintando y escribiendo poesía y filosofía. En el año 1970 contrajo matrimonio con Françoise Gilot, quien había sido musa y amante de Pablo Picasso.

Entre sus numerosas publicaciones, cabe citar dos libros: “Man Unfolding” (1972), y “The Survival of the Wisest” (1973).

 

[1] Thomas Francis Jr. (1900-1969): virólogo y epidemiólogo norteamericano, cuya actividad científica se centró en el estudio del virus de la gripe.

[2] Thomas Francis Jr. (1900-1969): virólogo y epidemiólogo norteamericano, cuya actividad científica se centró en el estudio del virus de la gripe.

Zaragoza, a 3 de septiembre de 2016

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El fallecimiento por diagnóstico de fiebre hemorrágica, confirmado microbiológicamente, de un hombre en Madrid a finales de agosto, y el contagio de una enfermera que le atendió durante su ingreso hospitalario son motivo de preocupación y sorpresa. Preocupación porque se trata de un proceso infeccioso muy grave; y sorpresa porque este tipo de infecciones no se habían producido hasta ahora en España. Según se ha indicado, el hombre contrajo la infección tras la mordedura de una garrapata durante un paseo campestre.

Existen numerosos virus, probablemente no todos conocidos, que causan fiebre hemorrágica con un grado de virulencia variable. Por mencionar algunos: el virus ébola,  dengue, fiebre amarilla, Marburg, enfermedad de Lyme, y muchos otros.

En este caso se trata del denominado «virus hemorrágico Crimea-Congo». Lo primeros síntomas son fiebre elevada, vómitos, diarrea, dolor y espasmos (calambres) abdominales. Éstos se manifiestan a los pocos días del contagio. Si la infección progresa, comienzan los verdaderos problemas, los que pueden terminar con el fallecimiento de la persona afectada. Aparecen hemorragias (de ahí el nombre de «fiebre hemorrágica») en diversos orificios del cuerpo, nasales, oculares, y también en órganos internos. El cuadro clínico puede derivar en un fracaso hepático e insuficiencia renal, cualquiera de las dos situaciones con riesgo de fallecimiento incluso si se instaura con prontitud un soporte médico vital.

De otros brotes anteriores en diversas regiones del planeta se ha establecido una mortalidad de tres de cada diez infectados, si bien los datos son escasos y no siempre fiables.

La «fiebre hemorrágica» se identificó por primera vez en el año 1944 entre los soldados soviéticos en la península de Crimea, entonces República de Ucrania, parte de la Unión Soviética, hoy en una situación jurídica compleja y belicosa. Y, años más tarde, en 1955, un virus idéntico se identificó en el entonces Congo Belga (hoy República Democrática del Congo). El bosque lluvioso africano es una verdadera fábrica de Leviatanes microscópicos.

El virus de la «fiebre hemorrágica Crimea-Congo» comparte muchas características con el más mortífero virus ébola. Por suerte hay una diferencia importante, su menor mortandad.

Durante la invasión de Afganistán en 2001, tras los atentados del 11-S, se produjo un brote en Kandahar, Afganistán. La precariedad de la atención sanitaria en una provincia cuna de los talibán hizo que la mortalidad fuese elevada. Se tiene constancia que esta fiebre hemorrágica ha causado numerosos brotes en Afganistán desde hace muchos años.

La especie de garrapata que actúa como vector del virus hemorrágico es la especia Hyaloma marginata. Garrapatas portadoras del virus se han detectado en Extremadura años atrás. Sin embargo no se tenía constancia de la infección humana contraída desde estos ectoparásitos.

La «fiebre hemorrágica Crimea-Congo» se ha extendido por Oriente Medio, Asia y África. Los movimientos de población han podido contribuir a su expansión más allá de los Balcanes. De momento solo existe un hecho constatable. Sírvanos de advertencia precautoria.

Zaragoza, a 2 de septiembre de 2016

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Modelo tridimensional de una tibia con osteoporosis (izquierda) y tras el tratamiento (6 meses) con Abaloparatida fármaco ha sido desarrollado por Radius. El modelo de la imagen se ha realizado con una impresora 3D.

La osteoporosis es una condición clínica silente que afecta mayoritariamente a mujeres (~80%) tras el climaterio, y que se caracteriza por una pérdida neta de masa ósea. La osteoporosis torna los huesos más frágiles con el consiguiente riesgo de fracturas, incluso tras traumatismos leves. Una mayor incidencia de fracturas traumáticas incrementa la discapacidad, el dolor y la mortalidad general. Se puede considerar que la osteoporosis es una enfermedad que debilita el esqueleto más allá de lo esperable por el envejecimiento fisiológico.

Un extenso estudio clínico ha dejado constancia que este nuevo fármaco estimula el crecimiento óseo (osteogénesis) y reduce el riesgo de fracturas.

Las fracturas más comunes en personas con osteoporosis son las de cabeza de fémur (“fractura de cadera”), las vertebrales, y las de cúbito y radio (“fracturas de muñeca”), si bien éstas últimas tras infortunadas caídas. Al ser una condición clínica silente muchas personas solo son diagnosticadas tras una fractura inicial. [El diagnóstico se realiza mediante una tomografía densitométrica en la que se compara la densidad mineral ósea con los valores promedio para su edad y sexo].

El nuevo medicamento (Abaloparatida) se ha estudiado mediante un extenso ensayo clínico publicado en la revista JAMA (acrónimo de Journal of the American Medical Association), y financiado por el fabricante (Radius). En este estudio, Abaloparatida se ha contrastado frente a placebo; y frente a Teriparatida (Forsteo®) del fabricante Eli Lilly.

El competidor directo de Abaloparatida es Teriparatida. En Estados Unidos el coste de un tratamiento mensual con Teriparatida es de $3,100 (tres mil cien dólares). Eli Lilly incrementa semestralmente el precio del fármaco en un porcentaje de entre 9% y 15% cada vez. De este modo, Forteo® (nombre registrado en Estados Unidos del Fosrsteo® en España) costaba $947,20 en 2010; y $2,551.77 a comienzos de año actual (2016). [En Estados Unidos los precios de las medicinas son libres. La intervención gubernamental está prohibida por Ley]. El precio de comercialización de Abaloparatida deberá tener muy en cuenta el de su más directo competidor si quiere ser incluido en el catálogo de prestaciones de las compañías aseguradoras y gestoras de prescripciones. El fabricante (Radius), una compañía emergente, deberá tener esto muy en cuenta cuando decida el precio de comercialización de Abaloparatida. [El nombre registrado de Abaloparatide todavía no se conoce cuando se redacta este artículo, agosto 2016].

Hasta ahora muchas compañías aseguradoras solo financian parcialmente los tratamientos con Teriparatida, dejando a los pacientes la alternativa de los más antiguos y baratos Bisfosfonatos. Éstos fármacos no contribuyen a la formación de hueso (actividad osteoblástica), limitándose a enlentecer la pérdida de masa ósea (actividad osteoclástica). Además, los Bisfosfonatos están asociados con infrecuentes pero graves efectos adversos (necrosis mandibular tras intervenciones maxilofaciales) y fracturas de fémur inhabituales.

Muchos clínicos consideran inmoral el precio del Forteo® (Forsteo® en España), sobre todo porque muchos pacientes no pueden asumir el copago (en Estados Unidos) y prefieren no iniciar sus tratamientos, rechazando la opción de los Bisfosfonatos por sus posibles efectos adversos, bien es verdad que deliberadamente exagerados por la industria farmacéutica que comercializa otras alternativas terapéuticas. Scott J. MacGregor, portavoz de Eli Lilly responde a las críticas por el elevado coste de Forteo® arguyendo que “su fabricación es cara”; y que “el laboratorio ha llegado a acuerdos con las aseguradoras para facilitar el acceso de los pacientes a los tratamientos”.

Abaloparatida, a semejanza de Teriparatida debe inyectarse diariamente. Pero, mientras Abaloparatida estimula solo la actividad osteoblástica (formadora de hueso), Teriparatida (Forsteo®) estimula tanto la formación de masa ósea como su pérdida, si bien el balance neto es favorable a la osteogénesis.

Las valoraciones densitométricas muestran que el hueso osteoporótico parece rellenarse más rápidamente con Abaloparatida que con Teriparatida. Sin embargo, la limitación temporal del estudio clínico fase 3 no permite concluir que estas observaciones tengan su traducción a largo plazo en una disminución (estadísticamente hablando) del riesgo de fracturas. Los resultados con ambos medicamentos (Teriparatida y Abaloparatida) fueron manifiestamente mejores cuando se compararon frente a placebo. Al cabo de 18 meses de tratamiento, en el grupo de estudio tratado con Abaloparatida, solo 4 de 824 mujeres sufrieron una nueva fractura vertebral; éstas se produjeron en 8 de 818 mujeres en el grupo que recibió Teriparatida (grupo comparador); y en 30 de 821 mujeres del grupo placebo.

Este estudio se considera fundamental (pivotal en la jerga estadística) para la solicitud de autorización a la Food and Drug Administration (FDA) norteamericana.

La osteoporosis, considerada generalmente una patología única, tiene sus matices, raramente tenidos en cuenta a la hora de instaurar el tratamiento más adecuado. Simplificando en extremo, existen dos tipos de osteoporosis: aquella con una rápida pérdida de masa ósea; y otra en la que la pérdida de masa ósea es normal, pero la formación de nuevo hueso (actividad osteoblástica) es insuficiente y existe una pérdida neta hueso. En el primer grupo de pacientes, la mejor opción terapéutica son los medicamentos que frenan la excesiva actividad osteoclástica, tales como los clásicos Bisfosfonatos y el reciente anticuerpo monoclonal Denosumab (Prolia®). En el segundo grupo de pacientes, los mejores fármacos son aquellos que dinamizan la formación ósea (osteogénesis): Teriparatida, y ahora Abaloparatida. [Además de Denosumab se ha comercializado otro anticuerpo monoclonal para el tratamiento de la osteoporosis: Romosozumab].

Con Teriparatida existe la limitación temporal de tratamiento a dos años, debido a un incremento del riesgo de cáncer óseo observado en estudios experimentales en ratas, empleando dosis varios órdenes de magnitud superiores que las equivalentes en terapéutica humana. Esta observación no se ha extrapolado a los pacientes. Sin embargo, dado que esta información se ha incluido en las fichas técnicas  (prospectos), las compañías aseguradoras la utilizan para limitar la financiación de los tratamientos a un máximo de dos años.

El desarrollo de Abaloparatida surgió de la investigación del cáncer. Dos endocrinólogos, Andrew F. Stewart, actual director de Diabetes, Obesity and Metabolism Institute, en Icahn School of Medicine, adscrito al Mount Sinai Hospital, y su mentor, Arthur E. Broadus, de la Universidad de Yale, observaron que algunos pacientes con cáncer padecen hipercalcemia, un cuadro clínico muy grave, potencialmente mortal. Estudiando las razones de la hipercalcemia, derivada de una masiva liberación de calcio desde el esqueleto, descubrieron una hormona ignorada hasta ahora.

¿Cómo esta hormona, que causa depleción de calcio óseo, da lugar a crecimiento del hueso? A primera vista es contradictorio. La explicación radica en la manera como la hormona se segrega en sangre. Mientras un flujo continuo (tal como sucede durante la liberación fisiológica de la hormona) da lugar a la liberación de calcio desde el esqueleto a la sangre, la administración de una dosis (bolus) de la hormona – como acaece tras una inyección subcutánea – es osteogénica.

Teriparatida también lixivia calcio del hueso hacia la sangre cuando se administra de forma continua (infusión intravenosa), pero si se administra en forma de bolus estimula el turnover óseo, si bien el balance final es favorable, con ganancia neta de tejido óseo. De ahí su uso en terapéutica.

Cabe prever que si finalmente se autoriza la comercialización de  Abaloparatida, su prescripción estará sujeta a limitaciones. Previsiblemente irá dirigida a pacientes de alto riesgo, tales como los que desarrollen osteoporosis a edades relativamente tempranas; así como aquellos que hayan sufrido alguno de los infrecuentes efectos adversos de los Bifosfonatos.

Hay muchas cuestiones sin resolver. Su dilucidación requeriría la realización de estudios en grandes grupos de pacientes  a los que habría que monitorizar durante muchos años. Esto es técnicamente inviable. Por ello los Organismos Reguladores aprueban los nuevos fármacos contra la osteoporosis bajo criterio de “no-inferioridad” en relación a otros medicamentos similares ya comercializados.

Zaragoza, 26 de agosto de 2016

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Imágenes radiográficas de dos niñas gemelas nacidas de una madre infectada con el virus ZIKA

Como un macabro catálogo de escáneres cerebrales e imágenes ultrasónicas, un estudio detalla la devastación evidenciada en 45 niños brasileños nacidos de madres que experimentaron infección por el virus Zika durante su periodo gestacional. El estudio se ha publicado en el Journal of Radiology. Las imágenes muestran que los daños cerebrales causados por el virus Zika en los fetos van mucho más allá de la microcefalia (tamaño cerebral anormalmente pequeño), dando lugar a deformidades estructurales en sus cerebros.

Muchos de los recién nacidos tenían microcefalia, pero algunos de ellos mostraban también afectación de importantes estructuras cerebrales: el cuerpo calloso, que conecta los dos hemisferios cerebrales; el cerebelo, que juega una función trascendente en la coordinación de los movimientos y el lenguaje; los ganglios basales, involucrados en el pensamiento y las emociones.

Según Deborah Levine, directora de Obstretic and Gynecologic Ultrasound, en el Beth Israel Deaconess Medical Center, adscrito a la Universidad de Harvard, y una de las autoras del estudio, las anormalidades observadas muestran una disrupción muy temprana del desarrollo cerebral.

Casi todos los niños del estudio tenían problemas en el córtex, incluyendo depósitos grumosos de calcio en las neuronas. Las estructuras corticales continúan desarrollándose después del parto, por lo que es preciso monitorizar a estos niños para valorar el alcance real de estas lesiones corticales.

Las imágenes estudiadas proceden de 45 niños nacidos de madres con infección por virus Zika, 17 de ellas con confirmación microbiológica, y otros 28 con diagnóstico clínico, pero sin confirmación microbiológica. El trabajo consideró también otros 1.800 casos de microcefalia diagnosticados en el Instituto de Pesquisa, en Paraiba, noreste de Brasil. Tres de estos niños murieron al poco de nacer, realizándose necropsias.

Las imágenes incluidas al comienzo del artículo corresponden a dos gemelas. Ambas tenían microcefalia (un tamaño de la cabeza menor del normal), pero además mostraban pliegues y solapamientos de la piel que envuelve al cerebro.

La publicación de las imágenes, según los autores del estudio, tiene por objeto que los clínicos de todo el mundo tengan una idea más clara de los efectos asociados a la infección por el virus Zika en mujeres encinta.

El virus Zika es un tridente perverso: causa disgénesis, condición clínica en la que el cerebro no se desarrolla normalmente; mantiene los ventrículos cerebrales (espacios huecos en el interior del cerebro) llenos de líquido; y destruye partes del cerebro que ya se habían formado.

En algunos casos el tamaño del cerebro no está tan menguado como para ser catalogado de microcefalia, pero los ventrículos cerebrales están rebosantes de líquido que no puede ser drenado. En los escáneres tomados en la semana trigésimo sexta del período de gestación, y un día después del nacimiento, la cantidad de fluido es prominente. Parece como si existiera mucho cráneo y muy poco cerebro en su interior, esto es, como si el cerebro hubiese dejado de crecer y se hubiese plegado sobre sí mismo. ¿Cómo evolucionarán estos niños cuando crezcan? No se sabe; tal vez los ventrículos cerebrales, llenos de líquido, terminen por “estallar” y el cerebro colapse.

Un escáner cerebral en vídeo realizado con el cerebro de estos niños fue tomado su primer día de vida. El vídeo revela que los ventrículos cerebrales están tan llenos de líquido que resulta difícil observar materia gris.

Otra observación es que los recién nacidos permanecen en una posición contraída, sin mover sus manos y pies de modo normal. Esto parece deberse a que los nervios no se han desarrollado como debieran y la deficitaria inervación de los músculos imposibilita el movimiento de sus miembros.

Las dos hermanas gemelas que aparecen en la imagen que acompaña al artículo muestran un grado de afectación similar. No siempre es así; en otros gemelos, solo uno de ellos puede estar afectado de microcefalia. En las imágenes de las gemelas, no se observa prácticamente cuerpo calloso, una estructura que conecta los dos hemisferios cerebrales. No se sabe si esta trascendente estructura cerebral nunca llegó a formarse o fue destruida posteriormente por la infección vírica.

Zaragoza, 24 de agosto de 2016

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A mediados de agosto (2016) falleció Donald A. Henderson, a la sazón 87 años. La noticia de su óbito, derivado de la infección post-quirúrgica estafilocócica tras una operación de cadera, pasó casi desapercibida en los medios de comunicación. Paradójicamente, el Dr. Henderson ha fallecido a consecuencia de una infección causada por Staphylococcus aureus, un germen Gram positivo, con un creciente número de cepas resistentes, sobre el que había realizado exhaustivas investigaciones.

Sin embargo, la contribución más trascendente a la Humanidad fue haber dirigido el programa que consiguió la erradicación de la viruela en todo el mundo.

A partir del año 1966, Donald A. Henderson dirigió la lucha de la Organización Mundial de la Salud contra el virus causante de la viruela. El progreso fue sorprendentemente rápido. Solo once años después, en 1977, se notificó el último caso de viruela en todo el mundo, aislado en el cocinero de un hospital somalí.

Tras la erradicación de la viruela, Donald A. Henderson pasó a ser decano de lo que hoy día es la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, actuando como asesor de bioterrorismo para varias Administraciones Federales estadounidenses.

El éxito con la viruela llevó a un entusiasmo desmedido, creyendo que otras infecciones (sarampión, poliomielitis o la dracunculosis) podrían erradicarse en poco tiempo. Aun cuando los logros  con la polio (apócope de poliomielitis) y la infestación por Dracunculus medinensis («gusano de Guinea») han sido importantes, no se ha conseguido la erradicación de ninguna de estas infecciones e infestaciones. [Los gusanos no infectan sino que infestan].

Hasta la fecha, solo otra infección ha sido eliminada de la tierra: la peste bovina, microbiológicamente muy relacionada con el sarampión humano, que mata sobre todo a ungulados[1]; y que causó una grave hambruna en África. La infección se consideró extirpada en el año 2011.

La lucha mundial contra la viruela se planificó como si de una batalla militar se tratase: muchos soldados (“trazadores” de brotes epidémicos y vacunadores) y unos pocos mandos, casi todos procedentes de Estados Unidos, la entonces Unión Soviética y, en menor número, otras naciones. La estrategia funcionó.

En conjunción con William H. Foege, en la actualidad consejero de Bill and Melinda Gates Foundation, Donald A. Henderson, un hombre visionario, tenaz y perspicaz según opinión general de quienes le trataron, logró ganar la batalla a un enemigo invisible e insidioso que durante siglos causó enormes sufrimientos a la Humanidad.

La viruela, infección causada por el virus variólico, era conocida como la «plaga roja» y también como el «monstruo manchado» por la desfiguración que causaba a quienes se contagiaban. Casi un tercio de los infectados morían, víctimas de neumonía o inflamación cerebral. Algunos de los supervivientes quedaban irremisiblemente ciegos debido a úlceras corneales.

Desde un punto de vista evolutivo se cree que el virus variólico deriva de la mutación de un virus de roedores, datándose el cambio genético hace alrededor de 10.000 años. En la momia del faraón Ramsés V[2] existen signos de viruela.

La viruela siguió haciendo estragos a lo largo de la Historia, influyendo, tanto como las guerras y los matrimonios, en el devenir de muchas líneas de sucesión, desde China a Europa.

La enfermedad fue llevada de modo inopinado a América durante el descubrimiento y conquista. Se estima que la mortandad en una población sin contacto previo con el virus superó en algunas comunidades el 80% de la población indígena, determinando el devenir de la Historia.

Tres presidentes norteamericanos sobrevivieron a la infección variólica: George Washington, Andrew Jackson y Abraham Lincoln.

Ya en el siglo pasado (XX), antes de su extinción, la viruela se estima mató a más de 300 millones de personas.

Con anterioridad al siglo XVIII algunos pueblos de Asia Menor y el occidente de África practicaban una suerte de vacunación. Inoculaban para ello líquido de las pústulas o inhalaban las costras pulverizadas de los infectados que sobrevivían a la infección. La técnica fue importada a Europa desde Constantinopla (hoy Estambul) por la esposa de un diplomático británico, denominándose con el anglicismo “variolización”. Se trataba de una práctica arriesgada. Aquellos que no contraían la infección aguda, quedaban protegidos de por vida, y se convertían en fuente para nuevas “variolizaciones”. De alguna manera, este proceder contribuyó al éxito global de la vacuna posterior.

En el año 1796, Edward Jenner, un médico inglés, infectó de modo deliberado a un muchacho con pus de ampollas de la mano de una lechera que ordeñaba vacas. Estas mujeres contraían una forma leve de viruela (la versión bovina de la enfermedad) y se inmunizaban contra las versiones más agresivas de la viruela humana. Es, de hecho, el término vacuna deriva de vaca (vacca en latín).

Donald Ainslee Henderson nació un 7 de septiembre de 1928, en Lakewood, Ohio, Estados Unidos, hijo de un ingeniero de Union Carbide, y una enfermera. Se graduó en medicina en la Universidad Rochester, haciendo su período de residencia en el hospital Cooperstown, New York.

En el año 1955 Donald A. Henderson se unió al Epidemic Intelligence Service, la élite del CDC (acrónimo de Centers for Disease Control and Prevention), y en el año 1960 pasó a ser responsable del servicio de vigilancia de enfermedades víricas. La viruela y el sarampión se habían erradicado prácticamente de los países occidentales tras la Segunda Guerra Mundial, pero su prevalencia continuaba siendo muy alta en Brasil, África y los países del sur de Asia.

En el año 1966 el Dr. Henderson se trasladó a Ginebra (Confederación Helvética), sede la Organización Mundial de la Salud, para dirigir la campaña mundial para la erradicación de la viruela.

La percepción de la Organización Mundial de la Salud era que se trataba de una misión imposible. Al objeto de no manchar la reputación de una personalidad médica de prestigio, la Organización eligió a un entonces joven médico, a la sazón residente en el Center for Health Security. Las campañas contra la fiebre amarilla y la malaria habían fracasado; y tanto Estados Unidos como la entonces Unión Soviética se focalizaron en la viruela. La Unión Soviética, que no creía en el éxito del ambicioso proyecto, prefirió que el responsable fuese un norteamericano, a fin de no asumir el desprestigio por el previsible fracaso.

Donald A. Henderson viajó con profusión a países golpeados por la viruela, muchos inmersos además en guerras civiles. De estos viajes aprendió la importancia de la diplomacia, algo que, a decir de quienes le conocían, no era un rasgo característico de su personalidad. Es bien conocido el enfrentamiento con las autoridades sanitarias soviéticas cuando éstas embarcaron un contenedor de vacunas con escaso potencial inmune.

Una de las prioridades era fabricar una vacuna liofilizada para soportar el calor tropical.

La logística de intentar vacunar a grandes poblaciones se mostró fútil. En su lugar puso en práctica la vacunación en círculos concéntricos, una estrategia que había sido desarrollada por accidente durante una campaña de vacunación cuando se produjo un brote de viruela en Nigeria en el año 1967 y las dosis de vacuna eran a todas luces insuficientes.

Para localizar los casos de viruela usó la ayuda de misioneros y trabajadores de las misiones, quienes recorrían los pueblos buscando personas infectadas. Se vacunaba a todas las personas que habían tenido contacto con los enfermos. En esta práctica se empleaba aproximadamente el 80% de las dosis; reservándose el 20% restante para personas con elevada movilidad (aquellos que acudían a los mercados y actuaban como potenciales diseminadores de la infección variólica).

La campaña contra la viruela triunfó justo a tiempo. Si hubiese tardado algunos años, probablemente habría fracasado, debido a la expansión del SIDA en África: El virus variólico atenuado que contiene la vacuna habría prosperado en pacientes inmunocomprometidos por la infección con el virus VIH.

Años después, el Dr. Henderson era muy solicitado como experto en bioterrorismo. En 1988 fue director fundador del Johns Hopkins Center for Civilian Biodefense Strategies, adscrito en la actualidad a la Universidad de Pittsburgh. Tras los ataques terroristas del 11-S y los posteriores envíos postales con ántrax (Bacillus anthracis), Donald A. Henderson llegó a ser asesor del Secretario de Salud y Asuntos Humanos (equivalente a nuestro Ministro de Sanidad y Consumo).

La lucha contra la viruela tenía algunas ventajas frente a otros virus: no existen animales que actúen como reservorios del virus variólico humano; la infección no pasa desapercibida porque las víctimas son fácilmente distinguibles por las marcas en su rostro; y  la vacunación otorga inmunidad de por vida. Otros virus se muestran más esquivos y los protocolos de erradicación se tornan inviables.

Un ejemplo es el virus de la polio: pueden existir docenas de portadores silentes antes que cause la enfermedad paralizante en un niño; la vacuna ha de conservarse y transportarse bajo refrigeración; son necesarias varias dosis para ofrecer una amplia protección, hasta 10 dosis en algunos niños; y, en casos raros, la vacuna hecha con virus atenuados (la vacuna de Albert Sabin) muta en serotipos más peligrosos, abriendo un nuevo frente que requiere una nueva vacuna y una nueva campaña de vacunación.

Si años atrás Donald A. Henderson se mostró contrario a que el virus de la viruela se conservase en laboratorios de alta seguridad en Estados Unidos y Rusia, la amenaza creciente de bioterrorismo le había hecho cambiar su modo de pensar.

Hay quien considera que su éxito debería haber sido reconocido con la concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Sin embargo, prevaleció el criterio de que se trató de un trabajo tan multidisciplinar que sería injusto adscribirlo a unas pocas personas. En cualquier caso ya no será posible, pues los estatutos del premio prohíben su concesión post-mortem.

 

[1] Ungulados, son animales que, como se infiere de su etimología, caminan con los extremos de los dedos de las patas, para lo que, en muchas ocasiones, están revestidos de pezuñas.

[2] Ramsés V: faraón egipcio quien reinó entre 1150 y 1145 A.C., en los tiempos de preponderancia de la adoración de Amón. De su reinado data el papiro de Wilbour, en honor del egiptólogo norteamericano Charles Edwin Wilbour. El papiro se dedica a asuntos fiscales del Egipto de la época del faraón Ramses V.

Zaragoza, agosto 2016

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Demencia es la denominación genérica para un conjunto de síntomas que incluyen pérdida de memoria, deterioro significativo del razonamiento e imposibilidad de comunicarse de modo coherente. Se presenta con más frecuencia en la vejez, por lo que antiguamente se consideraba inherente a la senectud, de ahí que se enmarcase dentro del proceso fisiopatológico de senilidad. Aún hoy día existe el concepto erróneo de que demencia y enfermedad de alzhéimer son términos sinónimos.

De hecho, la enfermedad de alzhéimer es responsable del 60% al 80% de los cuadros de demencia. Y, con frecuencia, la pérdida de memoria (sobre todo memoria reciente) es la primera manifestación sintomática de la enfermedad de alzhéimer en muchas personas.

La segunda causa más frecuente de demencia, después de la enfermedad de Alöis Alzheimer, es la demencia de origen vascular, causada por un ictus[1] (disminución brusca del riego en una región cerebral); otras causas de demencia incluyen corea de Huntington, enfermedad de Parkinson («parálisis agitante» se denominaba en un principio), así como diversas encefalopatías, de la que la más conocida es la enfermedad de Creutzfeldt Jacok. En algunos desafortunados pacientes pueden coexistir varias de estas enfermedades.

La demencia es la consecuencia clínica de un daño neuronal extenso. En el caso de la enfermedad de alzhéimer la sintomatología se desarrolla a la par que se forman depósitos de proteína amiloide (β-amiloide) y su ensamblaje en placas (depósitos neurofibrilares de proteína τ). La enfermedad de alzhéimer progresa invalidando al paciente, que termina por ser incapaz de hablar, responder a los estímulos ambientales e incluso deglutir. Desafortunadamente la progresión de la enfermedad es, hoy por hoy, irreversible.

Otras formas de demencia son reversibles. Entre éstas podemos citar: deficiencias vitamínicas, problemas tiroideos, tumores cerebrales, depresión grave, alcoholismo, yatrogenia medicamentosa y algunas infecciones (recordar que la enfermedad de Creutzfeldt Jacok es una infección irreversible causada por priones).

Otras formas tratables de demencia son debidas a hidrocefalia[2] (acumulación de excesivo fluido cerebroespinal). Esta situación ha de resolverse mediante el drenaje quirúrgico del exceso de líquido, o implantando un shunt[3] que drene el exceso de líquido.

 

[1] Ictus (apoplejía): súbita debilidad de una parte del cuerpo, consecuencia de una interrupción de la perfusión sanguínea de una región cerebral de extensión variable.  El ictus puede ser isquémico (más habitual) o hemorrágico, este último derivando frecuentemente en ictus isquémico. Dependiendo de la región cerebral afectada, y su extensión, las consecuencias pueden variar desde una debilidad pasajera de un miembro  o una leve disfunción funcional (por ejemplo afasia) a una extensa y profunda parálisis, y coma irreversible.

[2] Hidrocefalia: contenido elevado de líquido cefalorraquídeo en los ventrículos cerebrales. Durante el desarrollo fetal y embrionario, antes de la consolidación del cráneo, la hidrocefalia hace que aumente, de manera fisiológica, el tamaño de la cabeza. Una vez terminado el desarrollo la hidrocefalia eleva la presión intracraneal, dando lugar a somnolencia y náusea. La hidrocefalia se asocia comúnmente a espina bífida. El tratamiento consiste en la derivación (shunt) hacia la cavidad abdominal (shunt ventrículo-peritoneal).

[3] Shunt: conexión de dos estructuras anatómicas mediante un canal. Puede ser una alteración genética (vg defecto del septo cardíaco que conecta dos cavidades del corazón), o realizado quirúrgicamente para el drenaje de una cavidad (vg corrección de la hidrocefalia).

Zaragoza, agosto 2016

Dr. José Manuel López Tricas

FARMACIA LAS FUENTES

ZARAGOZA


Autora: Da. María José Madarnás (www.maternidadfacil.com)

A lo largo de la gestación las mujeres pasan por etapas muy diversas. Los cambios que van sucediéndose a lo largo de nueve meses generan sus propios problemas. Algunos de ellos son específicos de una etapa concreta del embarazo pero otros se alargan durante todo el proceso de gestación.

Estos trastornos no solo son de índole física sino también psicológica, por lo que debemos tratar de eliminarlos o de minimizar su perjuicio de maneras diversas.

Sabemos que el ejercicios físico contribuye a la mejora de muchos síntomas físicos. Pero no hay que subestimar los efectos beneficiosos que también puede tener a nivel psíquico el ejercicio físico moderado, regular y adaptado a las necesidades de la embarazada.

Uno de los mejores ejercicios que se pueden recomendar a las embarazadas es la natación. Es una actividad suave que puede adaptarse a cada mujer y a cada estadio del embarazo.

Son de sobra conocidos los efectos físicos positivos de la natación en las embarazadas: se tonifica la musculatura y alivian las articulaciones y se ejercita el cuerpo de manera integral y suave.

Pero debemos resaltar también los importantes efectos psicológicos positivos que las embarazadas pueden disfrutar si realizan natación de manera regular:

 Procura sensación de ligereza a la mujer: Sentirse grande, pesada y torpe es un fastidio para casi todas las mujeres. Por eso para muchas resulta una delicia la sensación de levedad que aporta el hecho de flotar en el agua. Dedicar un tiempo cada día a disfrutar de esta sensación supone un alivio físico y mental, sobre todo en los últimos meses de gestación, cuando el vientre está más abultado.

  • Aporta una percepción realista de nuestro cuerpo: En el agua no taparemos nuestra barriga. Aunque los cambios de nuestro cuerpo durante el embarazo son naturales y conocidos, aún hay muchas mujeres que se sienten avergonzadas por ellos y por perder su figura. Vernos y dejarnos ver en bañador ayuda a combatir esa vergüenza. Especialmente si compartimos ejercicios con otras embarazadas.
  • Es relajante: Si el estrés ya es nocivo en el día a día, para una embarazada puede ser una pesadilla. La mujer no puede evitar preocuparse acerca de si está haciendo lo correcto durante estos meses y si el bebé va a tener cualquier problema de salud. Nadar es un modo de combatir estas preocupaciones. Estar embarazada no debe ser un suplicio sino una etapa hermosa y que disfrutemos, una etapa llena de sensaciones y momentos únicos. Nos merecemos sentirnos bien mientras nos cuidamos y nos preparamos para uno de los momentos más maravillosos de nuestra vida.
  • Contribuye a reforzar la autoestima: Relacionado con todo lo anterior, está claro que sentirnos ágiles dentro del agua disminuye o incluso elimina la sensación de torpeza que a veces nos embarga durante el embarazo. Esta mejoría de nuestra visión de nosotras mismas se refuerza si la compartimos con otras mujeres embarazadas, con nuestros mismos problemas y preocupaciones. Es un fenómeno similar al que acontece en los cursillos de preparación al parto.
  • Mejora los ciclos de sueño: Muchas embarazadas ven alterado su sueño durante el embarazo. La natación es un ejercicio cuya intensidad puede adaptarse con facilidad y que deja el cuerpo relajado. Su realización varias veces a la semana contribuye a que recuperemos unos ciclos de sueño óptimos, lo que facilita un equilibrio hormonal y una ganancia de peso saludable y controlada, pero también un estado emocional mucho más animado.

 

 

Siempre tenemos que tener en cuenta que, independientemente de los muchos beneficios de la natación, debemos consultar con nuestro médico acerca de las mejores actividades según nuestras características. Si no hay problema no dudes en darle a la natación una oportunidad: no te arrepentirás.

 Da. María José Madarnás

www.maternidadfacil.com

Zaragoza, agosto 2016

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