Existe una creciente y justificada inquietud en el ámbito farmacéutico por lo que se puede denominar crisis de innovación en el desarrollo de novedosos antibióticos. El asunto ha trascendido el ámbito sanitario, habiendo sido debatido en una reunión del World Economic Forum.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que podemos hallarnos en lo que ha definido como una “era post-antibiótica”. Es cada vez más común que se produzcan fallecimientos causados por gérmenes resistentes a todos los antibióticos existentes.

Desde finales de la década de 1980 no ha surgido ninguna nueva clase de antibióticos. En el trienio 2011 a 2103 se han comercializado un reducidísimo número de nuevos antibióticos, el menor número de innovaciones desde la década de 1940, fecha de inicio de la era antibiótica.

La industria farmacéutica ha encontrado en el espectacular e intelectualmente atractivo progreso de la inmunología y la terapia génica un campo de negocio para el desarrollo de trascendentes y rentables medicamentos. Hoy día el progreso farmacéutico se dirige hacia la búsqueda de tratamientos personalizados para enfermedades con elevada prevalencia como cáncer, hepatitis, o el desarrollo de vacunas de nuevo cuño. Sin embargo, este planteamiento no contribuye de modo significativo a elevar los estándares de salud pública. A tal fin, los antibióticos son una estrategia de primer orden.

Un creciente número de antibióticos se retira cada año del Mercado Farmacéutico, debido al surgimiento de gérmenes resistentes. El arsenal farmacéutico antibiótico está compuesto en la actualidad por 96 moléculas, 17 menos que las que había alrededor del cambio de siglo.

La investigación sobre antibióticos encara un futuro desalentador. Su desarrollo es difícil y los beneficios económicos derivados pueden no justificar la inversión intelectual y económica necesaria. A diferencia de medicamentos para enfermedades que precisan tratamientos prolongados, los antibióticos se usan durante intervalos temporales breves, generalmente unos pocos días. A esta situación se une que muchas veces se restringe su uso preservándolos a fin de evitar el desarrollo de resistencias, venciendo el tiempo de protección de patente sin que el fabricante haya rentabilizado los costes asociados a su investigación y desarrollo en base a sus expectativas.

En cambio, las empresas farmacéuticas biotecnológicas se han focalizado con desmesurada insistencia en terapias personalizadas, muchas de ellas para las llamadas «enfermedades raras». Los fármacos dirigidos contra estas enfermedades se denominan en la jerga farmacéutica “medicamentos huérfanos”. De todos los medicamentos novedosos autorizados durante 2013, el 70% estaban dirigidos a enfermedades que afligen a menos del 1% de la población.

Los fármacos llamémosles “clásicos” pierden el 80% del mercado al cabo de 1 año de expirar la patente. En cambio, los medicamentos biológicos tienen una “protección adicional” derivada de la dificultad de fabricar versiones genéricas y homologar éstas al medicamento original.

Una cuestión trascendente es: ¿se pueden establecer incentivos fijos para los fabricantes de medicamentos? El sistema de protección de patentes se ha considerado un proceder válido para incentivar la investigación y desarrollo. Pero la experiencia está demostrando que no es suficiente.

El mito de que las “fuerzas del mercado” regulan los precios no funciona, al menos en el área de la investigación farmacéutica. El Mercado (libre mercado) no representa un incentivo para la innovación, máxime en sociedades donde fiscalidad ahoga la exposición al riesgo.

Mayo 2016

FARMACIA LAS FUENTES


 

Cuando usted toma un medicamento para una indicación concreta, pongamos por caso disminuir la fiebre, aliviar el dolor o facilitar la conciliación de un sueño reparador, el resultado se hace evidente transcurrido un tiempo razonable y bien conocido. Otros medicamentos no tienen un efecto inmediato. Así sucede con los tratamientos para enfermedades más insidiosas, tales como la depresión o la hipertensión. Al cabo de un tiempo, generalmente varias semanas, los resultados se pondrán de manifiesto, mejorando el estado de ánimo (antidepresivos) o regulando su tensión arterial (antihipertensivos), por citar estos dos clásicos ejemplos. Pero, ¿se pueden conseguir estos efectos terapéuticos usando sucedáneos, esto es, sustancias con la misma apariencia (color, forma farmacéutica) aunque carentes del principio activo que constituye la verdadera sustancia medicamentosa? La respuesta, contra toda lógica, es sí, en algunos casos; si bien, con una matización: la persona debe estar convencida de que está tomando el auténtico fármaco. A esto se le denomina efecto placebo; esto es, la administración de sustancias inocuas o la aplicación de técnicas médicas banales que buscan aliviar una dolencia o algunos de sus síntomas usando “solo” el convencimiento del paciente acerca de la bondad de tal modo de proceder. Curiosamente, estas mismas sustancias carentes de efectos sobre la salud, también pueden dar lugar a alguno de los efectos adversos que suelen asociarse al medicamento que remedan, lo que algunos llaman efecto nocebo.

Tal vez el ejemplo más entrañable y conocido de una actuación placebo es el que ejercen los padres ante un percance menor de un niño pequeño, quien cogido en brazos siente un alivio inmediato y cesa en su llanto. En este proceder se fundamentan muchas técnicas no-médicas, desde la imposición de manos, la actuación de chamanes en algunas tribus, hasta los procedimientos claramente fraudulentos y peligrosos de la denominada “medicina alternativa” cuando se inmiscuyen en enfermedades graves, tales como el cáncer, abusando delictivamente de la desesperación de las personas que padecen estas patologías.

Es interesante conocer la semántica del término placebo: es la forma del futuro del verbo latino placere (complacer). Su uso como sustantivo procede del salmo 114, versículo 9, de la Vulgata que se incorpora a la liturgia de la Iglesia Católica Romana en el rezo de vísperas del Oficio de Difuntos (Placebo Domino in regione vivorum: Complaceré al Señor en la región de los vivos). Más tarde el epíteto sale del ámbito religioso, aplicándose a los aduladores y serviles de los poderosos.

En el año 1811, un prestigioso diccionario médico (Hooper’s Medical Dictionary) usa el término placebo definiéndolo como “toda medicación prescrita más para complacer al enfermo que para resultarle útil”.

Hoy día, nadie conoce los mecanismos que explican el efecto placebo. Ante esta limitación, los estudios de las sustancias que aspiran a llegar a ser medicamentos deben evaluar su eficacia en estudios clínicos (o ensayos clínicos) que tengan en cuenta el efecto placebo. Y, simplificando en extremo, un medicamento se considerará eficaz si el beneficio que consigue supera ampliamente los resultados logrados con una sustancia placebo. A fin de evitar sesgos, ni el paciente ni el médico prescriptor conocen si se está administrando el medicamento o el placebo (estudios “doble-ciego” o con “doble-ocultación”).

La estadística y la ética hacen posible que los resultados de estos ensayos clínicos sean fiables; y que los medicamentos disponibles tengan una eficacia contrastada y unos riesgos aceptables, perfectamente definidos, dentro de los márgenes seguridad que puede ofrecer el desarrollo actual de la ciencia médico-farmacéutica.

Es importante recordar que los ensayos clínicos (tal vez alguno de los lectores haya participado en alguno o se le haya propuesto hacerlo) han de basarse en cuatro principios fundamentales. Los dos primeros son de ámbito general: no-maleficencia, esto es, no hacer daño; y justicia: distribución equitativa de cargas y beneficios; y otros dos se entroncan en el ámbito de lo privado. Son éstos el derecho a ser tratados como individuos con nuestras peculiaridades (autonomía personal); y de conformidad con nuestro personal concepto de bienestar (beneficencia). Si se nos solicita la participación en un estudio clínico, estos cuatro principios deben ser explicados individualmente con claridad para que puedan ser comprendidos y asumidos. Se debe así mismo tener en cuenta que los ensayos clínicos suponen beneficios económicos para los centros que los realizan y los médicos que colaboran, circunstancia que puede soslayar, en algunos casos, los estrictos principios éticos en que deben basarse.

FARMACIA LAS FUENTES

 

 


¿QUÉ ES EL COLESTEROL?

Es una molécula grasa (lípido) que se sintetiza en el hígado y es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Es precursor de las hormonas sexuales, ácidos biliares (necesarios para la digestión), vitamina D, y otras estructuras.

Así mismo el colesterol forma parte de las membranas de todas las células de nuestro cuerpo.

El colesterol se halla en el plasma sanguíneo. [El plasma es la sangre una vez eliminadas los glóbulos rojos (hematíes o eritrocitos), glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas]. Sin embargo, el colesterol en el plasma se halla asociado a proteínas de diversa forma y tamaño. A estas proteínas se las clasifica en base al tiempo que tardan en precipitar cuando se centrifuga el plasma: «proteínas de alta densidad» (HDL, del inglés High Density Lipoprotein), «proteínas de baja densidad» (LDL, del inglés Low Density Lipoprotein); y «proteínas de muy baja densidad» (VLDL, del inglés Very Low Density Lipoprotein). Así pues se habla de Colesterol-HDL, Colesterol-LDL y Colesterol-VLDL. Normalmente se abrevia como HDL, LDL y VLDL.

Es un asunto que trasciende el objetivo divulgativo de este informe. Lo más importante es que el Colesterol-HDL tiende a ser degradado (metabolizado) en el hígado. Sin embargo el Colesterol-LDL y el Colesterol-VLDL tienden a depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos.  Dicho de otra manera, las arterias comienzan a estrecharse conforme el colesterol se deposita en las paredes vasculares. Además del estrechamiento que dificulta la circulación sanguínea, fragmentos de la capa grasa de las paredes arteriales puede desprenderse como partículas de grasa que quedan suspendidas en la circulación. Eventualmente, estos depósitos de grasa circulante pueden taponar un vaso sanguíneo de pequeño calibre, impidiendo la llegada de sangre más allá del taponamiento. Se produce así una embolia. [La trombosis tiene un mecanismo distinto aunque el resultado no es muy diferente del de una embolia]. Dependiendo de dónde suceda esto, las consecuencias pueden pasar inadvertidas o afectar a órganos vitales con riesgo de muerte o secuelas permanentes.

Es fundamental que las cifras de Colesterol (estrictamente Colesterol-LDL y Colesterol-VLDL, el que popularmente se denomina “colesterol malo”) se mantengan en valores normales. Cuando son superiores a las cifras recomendadas se habla de hipercolesterolemia.).

¿QUÉ VALORES SE DEBEN CONSIDERAR ÓPTIMOS?

Colesterol-LDL:

  • Óptimo ≤ 130mg/dl. (≤3,36mmol/L).
  • Moderado: 131-159mg/dl. (3,36-4,11mmol/L).
  • Elevado ≥160mg/dl. (≥4,13mmol/L).

Los estrógenos son un factor que previene la acumulación de colesterol. Por ello, la disminución de la concentración de estrógenos tras la menopausia incrementa la concentración de colesterol.

Colesterol-HDL:

  • Óptimo ≥60mg/dl. (≥1,55mmol/L).
  • Moderado: 36-59mg/dl. (0,9-1,54mmol/L).
  • Alto riesgo≤35mg/dl. (≤0,9mmol/L).

Hay una relación inversa entre las concentraciones de Colesterol-HDL y el riesgo de enfermedad coronaria (a mayor concentración de Colesterol-HDL en plasma, menor riesgo de patología coronaria).

De manera habitual los valores de Colesterol-HDL están elevados en situaciones de alcoholismo crónico, personas que toman estrógenos o contraceptivos orales o ácido nicotínico.

Por el contrario  el Colesterol-HDL tiene valores más bajos en caso de cirrosis hepática, diabetes mellitus, e infecciones.

Las concentraciones de triglicéridos (forma apocopada de triacilglicéridos) deben hallarse en el rango 10-190mg/dl (0,11-2,15mmol/L). Los triglicéridos forman parte de las VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad).

La concentración de triglicéridos suele estar elevada en pacientes alcohólicos y cirróticos; así como en quienes padecen anorexia de tipo nervioso, obstrucción biliar, trombosis, insuficiencia renal crónica (fallo renal), síndrome de Down, diabetes mellitus, hipertensión, hipercalcemia idiopática, enfermedad cardíaca isquémica, hipotiroidismo, embarazo, porfiria intermitente, síndrome de Werner, y hepatitis vírica. También se hallan más elevados en caso de una dieta rica carbohidratos, uso de corticosteroides (entre ellos estrógenos o contraceptivos orales).

Otras condiciones clínicas disminuyen la trigliceridemia (concentración de triglicéridos en sangre), entre otras: Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (más conocida por su acrónimo EPOC), hiperparatiroidismo, malnutrición, extirpación de los ganglios linfáticos intestinales, enfermedad hepática, y síndromes de malabsorción.

COMO MANTENER A RAYA AL COLESTEROL

Exceptuando aquellas personas que han heredado una tendencia a tener cifras muy elevadas de colesterol (hipercolesterolemia familiar), es posible reducir los riesgos asociados a cifras elevadas de colesterol, evitando la obesidad (factor predisponente de otras múltiples enfermedades crónicas) y el hábito de fumar. Existen alimentos (nueces, pescado azul) que incrementan el Colesterol-HDL (el denominado “colesterol bueno”) a la vez que disminuyen el Colesterol-LDL y el Colesterol-VLDL (popularmente “colesterol malo”). No hay que olvidarse del ejercicio moderado, siempre adecuado a la edad.

No obstante existen diversos medicamentos, muy eficaces, que logran mantener el colesterol  a raya. Los medicamentos hoy día más habituales son las llamadas «estatinas». Las que están disponibles en el Mercado Farmacéutico español (mayo de 2016) son las siguientes (ordenadas alfabéticamente): Atorvastatina, Fluvastatina, Lovastatina, Pitavastatina, Pravastatina, Rosuvastatina y Simvastatina. Todas actúan bloqueando farmacológicamente la síntesis hepática de colesterol. Existen, no obstante, otros tipos de fármacos, mucho menos prescritos.

Todos estos medicamentos tienen una eficacia similar si se administran a las dosis adecuadas. El más prescrito cuando se redacta este artículo es la Atorvastatina. El primer medicamento de este grupo, Lovastatina, que todavía se comercializa y continúa siendo de contrastada eficacia, se aisló a partir de un hongo (Aspergillus terreus). La primera «estatina» se comercializó en el año 1987.

Existe un nuevo grupo de medicamentos que pueden suponer una verdadera revolución en la disminución del colesterol en sangre hasta cifras hoy inalcanzables con los medicamentos disponibles. Dos de ellos (Arilocumab y Evolocumab) acaban de comercializarse en Estados Unidos y han recibido un informe favorable de la Agencia Europea del Medicamento. Para una información más detallada consultar la página www.info-farmacia.com

Zaragoza, a 19 de mayo de 2016

FARMACIA LAS FUENTES. ZARAGOZA.

 

 

 

 


TOS FERINA

¿por qué aumenta su incidencia?

La tos ferina es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Gram negativa Bordetella pertussis. La taxonomía del género (Bordetella) es patronímico latinizado del microbiólogo Jean Bordet, quien logró cultivar la bacteria en el año 1906, ex aequo Octave Gengou. La infección se conocía desde antiguo, habiéndose descrito en el siglo XVI bajo la denominación de tussis quinta.

Europa padeció numerosos brotes epidémicos durante los siglos XVIII y XIX, hasta que, en la década de 1920, se desarrollaron casi simultáneamente dos vacunas que demostraron una eficacia similar. La primera vacuna fue diseñada por Louis W. Sauer en Estados Unidos; mientras Thorvald Madsen  fabricó otra en Dinamarca.  Ambas vacunas contenían bacterias aunque con su toxicidad muy menguada. Se les denominaba vacunas celulares. [El término celular es inapropiado por cuanto las bacterias no son células, sino microorganismos con un nivel de complejidad muy inferior].

La vacuna contra la tos ferina se administra conjuntamente con las vacunas contra la difteria y el tétanos. Como tal se incluye en el calendario de vacunación, siendo más conocida por las iniciales DTP, acrónimo de Difteria, Tétanos, Pertussis. [Pertussis es tos ferina]. [La terminología médica acepta que tos ferina se escriba en una sola palabra, tosferina].

La vacuna celular (que contenía bacterias atenuadas de Bordetella pertussis) se usó hasta que, a mediados de la década de 1990, se diseñó un nuevo tipo de vacuna que no contenía bacterias enteras sino dos toxinas bacterianas, hemaglutinina, y una glucoproteína que la bacteria fabrica y segrega cuando era cultivada in vitro, esto es, en placas de cultivo, denominadas placas Petri. A esta nueva vacuna se le denominaba vacuna acelular.

¿Por qué se modificó una vacuna que durante décadas se había mostrado eficaz? La razón se debe a la “toxicidad” de la vacuna celular (la que contenía bacterias íntegras aunque con su malignidad atenuada). Los supuestos efectos adversos (fiebre y, muy raramente convulsiones) se exageraron, en el contexto de un creciente movimiento social de rechazo general a cualquier tipo de vacunación, por razones tanto de integrismo religioso, como debido  a una teoría  pseudocientífica (relación entre vacunación y autismo infantil) que persiste, a pesar de haberse demostrado falsa y tendenciosa. [Consultar más información al respecto en la página web: www.info-farmacia.com].

Así pues, desde la década de 1990, la única vacuna disponible contra la tos ferina es la vacuna acelular (conteniendo toxinas bacterianas en su composición), diseñada por el científico japonés Yuji Sato.

La nueva vacuna (acelular) muestra mejor tolerancia (menos efectos adversos). Sin embargo, la protección ofrecida parece desvanecerse al cabo de un lustro aproximadamente. Y la primera consecuencia es un incremento del número de casos de tosferina.

A escala global, la tos ferina afecta cada año a más de 40 millones de personas, con una mortandad estimada en más de 300.000, casi siempre neonatos y niños muy pequeños. La sintomatología de la enfermedad en niños tan pequeños es muy alarmante.

Una elegante descripción de la tos ferina, extraída del Compendio Nosográfico Filosófico:

la tos convulsiva acomete de repente, pues sus primeras señales son como catarrales, con una tosecilla seca, no muy fuerte; las más de las veces el niño conoce que le amenaza el paroxismo, le acongoja la constricción de las fauces con sensación de titilación alrededor de la garganta y suma disnea. La inspiración profunda, sonora y con dolor, sigue a cada expiración frecuente, corta y breve; a cuyo  tiempo incomoda al enfermo una tos perruna con un ruido particular. La cara se ingurgita, los ojos se ponen centelleantes y lagrimosos, las carótidas pulsan extraordinariamente y las venas están llenas y turgentes de sangre, la que algunas veces se arroja por las narices o los pulmones.

A estos síntomas se agregan muchas veces molestísimos conatos para vomitar, o verdaderos vómitos, o evacuaciones de vientre u orina involuntarias, y al mismo tiempo la cara y el cuello están cubiertos de un sudor frío. Las más veces disipan el paroxismo los esputos o el vómito de cierta cantidad de moco o serosidad (…). No es raro que muchas veces haya resultado de estos golpes de tos violentos una hernia, o el tétano, la tisis, la contorsión del espinazo o alguna neurosis.

Los paroxismos más bien acometen de noche que de día; unas veces con regularidad, como diariamente, o con tipo de doble terciaria, otras con suma irregularidad y reproduciéndose por la más mínima causa; esto se observa cuando la temperatura es inconstante, cuando el enfermo usa excesivos alimentos; y cuando padece violentas pasiones de ánimo. Unas veces padecen los niños esta enfermedad solo por espacio de tres o cuatro semanas, otras les dura muchos meses o años: nunca se disipa del todo repentinamente,  se mitiga poco a poco.

Hoy día en España todas las mujeres encinta deben vacunarse contra la tos ferina entre las semanas vigésimo octava y trigésimo octava de su embarazo. Este modo de proceder evita que el recién nacido pueda contraer la tos ferina durante sus primeras semanas de vida, cuando el cuadro clínico es más grave y potencialmente mortal.

En el hemisferio norte, la incidencia de tos ferina alcanza su máximo entre los meses de abril a octubre, disminuyendo durante los meses fríos.

Tanto la vacuna antigua (celular) como la nueva (acelular) protegen a la persona vacunada. Sin embargo, la vacuna acelular no impide que la persona vacunada pueda portar bacterias de tosferina en su nasofaringe y, consiguientemente transmitir la infección a personas naïve (que no se han contagiado previamente o no han sido vacunadas). De ahí el repunte de los contagios observado.

Un reciente estudio publicado en Proceeding of the National Academy of Sciences ofrece una explicación a la pérdida de protección de las nuevas vacunas contra la tos ferina (vacunas acelulares). Usando babuinos, los investigadores hallaron que los animales recientemente vacunados continuaban siendo portadores de la bacteria (Bordetella pertussis) en sus gargantas, aun cuando la vacuna les protegía frente a la infección. Esta observación en los babuinos es extrapolable a los humanos.

Para probar la validez de esta hipótesis, crías de babuinos recibieron dosis de vacuna celular  a los 2, 4 y 6 meses de edad. Mientras un grupo era vacunado con la vacuna acelular, otro grupo recibía una única dosis de la vacuna clásica (formulada con bacterias enteras inactivadas o muertas) a los 7 meses de edad.

Se cuantificaban varios parámetros: colonización de la nasofaringe con Bordetella pertussis, leucocitosis (aumento del recuento de leucocitos); así como la sintomatología (tos paroxística o convulsiva). Los babuinos vacunados estaban protegidos frente a la infección, pero actuaban como vectores transmisores a otros babuinos naïve (no expuestos a la infección, bien por contagio natural o tras vacunación). Los animales que habían padecido la infección, con independencia de la gravedad de sus síntomas, no eran transmisores para otros animales naïve, a diferencia de aquellos a los que se había inyectado la nueva vacuna acelular.

Todos los animales vacunados tenían elevados títulos de anticuerpos, si bien se observaron notables diferencias en la inmunidad por células T entre los vacunados con las vacunas celular (antigua) y acelular (nueva).  La “memoria” inmunológica (expresada por las células T helper específicas) era mucho más favorable para los babuinos vacunados con la vacuna celular frente a los que recibían tres dosis con la vacuna acelular. Ahí puede radicar la explicación de la pérdida de eficacia de las nuevas vacunas.

Así pues, el cambio del modelo de vacuna no ha resultado un éxito. El planteamiento es retornar a la formulación clásica de la vacuna celular, o reconsiderar los criterios de elaboración de la actual vacuna contra la tosferina formulada a base de toxinas bacterianas en lugar de contener bacterias tratadas para disminuir su virulencia.

Zaragoza, a 27 de abril de 2016

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Florentino Ballesteros, 11-13

50002 Zaragoza


 

¿QUÉ ES LA PRESIÓN ARTERIAL?

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos. Cuando Usted se mide la presión arterial, el valor máximo (presión sistólica) indica la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos tras la contracción del músculo del corazón; y la presión mínima (presión diastólica) señala la fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes vasculares en el intervalo entre dos contracciones sucesivas. Los aparatos también determinan el pulso (frecuencia cardíaca), esto es, el número de veces que el corazón se contrae cada minuto.

 Así pues, los esfingomanómetros de brazalete (véase fotografía) llevan a cabo tres mediciones:

  • Presión máxima (presión sistólica)
  • Presión mínima (presión diastólica)
  • Pulso (frecuencia cardíaca)

El corazón de una persona que viva 80 años, suponiendo una frecuencia cardíaca constante de 70 pulsaciones por minuto (un valor muy bajo porque durante el ejercicio físico aumenta notablemente), se habrá contraído casi tres mil millones de veces, sin interrupciones.

El corazón comienza a latir antes de nacer (en estado fetal) y deja de hacerlo cuando fallecemos (en sentido estricto es al revés, fallecemos cuando el corazón se detiene irreversiblemente). La presión arterial de un recién nacido es muy baja y su frecuencia cardíaca normal es muy elevada (alrededor de 140 pulsaciones por minuto). A partir de la adolescencia, los valores se estabilizan; y a partir de los 50 años aproximadamente las presión arterial tiende a ser más elevada, a la vez que la frecuencia cardíaca en reposo tiende a disminuir.

¿QUÉ VALORES DEBEN CONSIDERARSE NORMALES?

En la actualidad se toman como cifras recomendadas las siguientes:

  • Presión máxima (sistólica) 130 mm Hg
  • Presión mínima (diastólica) 9 mm Hg

Hace años solo se solía dar importancia a la presión diastólica (mínima), no teniendo muy cuenta la presión máxima (sistólica). De hecho se consideraba adecuado que la presión máxima (sistólica) aumentase con la edad, estimándose correcto un valor obtenido de la fórmula “100 + la edad de la persona”. Según este criterio, una presión sistólica (en reposo) de 160 en una persona de 60 años se estimaba adecuada. La hipertensión no se consideraba una enfermedad sino una consecuencia inevitable del envejecimiento. De hecho, se pensaba que una presión máxima elevada facilitaba la llegada de sangre a todo el organismo, sobre todo en personas mayores en las que los vasos sanguíneos son más rígidos y necesitan, por tanto, un flujo de sangre mayor que solo se lograba con una presión sistólica elevada.

CONCEPTO DE HIPERTENSIÓN

El criterio anterior cambió a partir de la década de 1950 por dos razones: el incremento del número de infartos y accidentes cardiovasculares tras el final de la Segunda Guerra Mundial, asociado probablemente a la mejora del nivel de vida de la población; y el desarrollo de los primeros medicamentos antihipertensivos eficaces.

Desde entonces se han realizado numerosos estudios para establecer los valores más adecuados de presión arterial. Durante algún tiempo éstos eran: 120/8. Los estudios más recientes los han dejado en 130/9. Pero no hay que ser estricto, valorando estas cifras en el contexto de la salud global de cada persona.

RIESGOS DE LA HIPERTENSIÓN NO TRATADA

La hipertensión (excepción hecha de las denominadas «crisis hipertensivas») no da lugar a síntomas. Es una condición clínica que incrementa la probabilidad de sufrir accidentes cardiovasculares, tales como infartos de miocardio, ictus, enfermedad tromboembólica y fallo renal.

CONSEJOS PARA EVITAR O REDUCIR EL RIESGO DE LA HIPERTENSIÓN

Aun cuando no siempre es posible, podemos retrasar la aparición de hipertensión si adoptamos estilos de vida saludable. He aquí algunos consejos bien conocidos: reducir (evitar incluso) la ingesta de sal, realizar una alimentación sana, reduciendo la ingesta de grasas, llevar a cabo ejercicio físico regular y adecuado a la edad, evitar fumar, consumir vino (tinto) o cervezas con moderación; y determinar regularmente la presión arterial. Cuando es preciso tratamiento farmacológico, cumplir estrictamente con la toma de los medicamentos.

FARMACIA LAS FUENTES

 


 

¿QUÉ ES LA ALERGIA?

Es la respuesta de nuestro sistema inmune frente a sustancias generalmente inocuas, normalmente procedentes de plantas (polen), insectos, ácaros y sustancias contenidas en el polvo; así como productos alimenticios de uso común. La alergia se debe considerar como una reacción errónea de nuestro sistema inmune frente a sustancias inofensivas para nuestro organismo. A estas sustancias se las denomina alérgenos.

El sistema inmune reacciona contra los alérgenos fabricando sustancias específicas que contrarrestan sus efectos. A estas sustancias se las denomina anticuerpos.

Este mismo mecanismo subyace en la inmunidad que nos protege contra las infecciones, bien tras haber contraído y sobrevivido al proceso infeccioso, o a través del proceso de vacunación.

SÍNTOMAS DE LA ALERGIA

Los síntomas son las manifestaciones clínicas de la reacción del anticuerpo contra el alérgeno. Los más habituales con bien conocidos: inflamación (alrededor del área de picadura de un insecto, de las fosas nasales tras la inspiración del polen o sustancias suspendidas en el polvo), molestias digestivas, conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva del ojo). Estos son los síntomas más comunes, conocidos por todos.

La intensidad de los síntomas varía de una persona a otra. En las situaciones más graves se puede desencadenar una reacción anafiláctica con disminución brusca de la presión arterial (colapso circulatorio) e inflamación de la faringe (angioedema) que puede conducir a la asfixia del paciente. La anafilaxia es una urgencia médica con elevado riesgo de mortalidad.

TRATAMIENTO

El tratamiento de las reacciones alérgicas es el tratamiento de sus síntomas. La medicación no cura la alergia. Únicamente alivia los síntomas mejorando el estado general.

Cuando es posible hay que evitar el contacto con el alérgeno (no tomara los alimentos que desencadena la reacción alérgica), no permanecer en lugares con elevada concentración de polen de plantas que nos provocan la alergia).

Cuando esto es no posible, existen variedad de medicamentos para controlar los síntomas. Aun cuando todos actúan de idéntica manera, existe una susceptibilidad individual que determina que un paciente mejore más con un determinado medicamento. Todos estos medicamentos contrarrestan la acción de una sustancia, histamina, que se segrega durante la reacción alérgica. Por esta razón se les denomina «antihistamínicos». Los primeros «antihistamínicos» tenían como principal problema que daban lugar a somnolencia. Los más modernos logran soslayar este inconveniente, especialmente importante si se han de tomar por personas que realizan trabajos que exigen atención.

Otros medicamentos antialérgicos incluyen colirios para aliviar la conjuntivitis que se manifiesta por picor, escozor y lagrimeo; y corticoides en preparados nasales para corregir la rinorrea (congestión nasal).

En cualquier caso es mejor anticiparse a los síntomas, sin esperar que el cuadro clínico surja con toda su intensidad.

El tratamiento “curativo” de las alergias exige la consulta con un médico especialista (alergólogo) a fin de que determine frente a qué sustancia se es alérgico. En base a estos resultados se prepara una vacuna individualizada. Tras varios meses de tratamiento con dosis crecientes de dicha vacuna, la persona se va “acostumbrando” al alérgeno. Los resultados de este tratamiento son variables.

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS

  • EVITE VENTILAR LA CASA DURANTE EL DÍA.
  • VIAJE EN COCHE CON LAS VENTANILLAS CERRADAS, SOBRE TODO EN DÍAS VENTOSOS.
  • SI ES ALÉRGICO AL POLEN, CONSULTE LA INFORMACIÓN POLÍNICA DE SU LOCALIDAD.
  • PROBABLEMENTE SUS SÍNTOMAS MEJORARÁN POR LA NOCHE.