Dos estudios realizados en Alemania y Noruega relacionan la vacuna anti-covid-19 de Oxford-Astra-Zeneca con riesgo de trastornos sanguíneos graves, sobre todo en personas jóvenes. Algunas de estas discrasias sanguíneas han sido mortales. Los hallazgos han identificado anticuerpos inusuales que han causado coágulos sanguíneos graves, fatales en algunos vacunados.

De momento no existe una explicación de este efecto adverso.

Los grupos de investigación alemanes y noruegos hallaron que las personas que desarrollaron coágulos tras recibir alguna de las dos dosis de vacuna habían fabricado anticuerpos que activaban sus plaquetas. La acumulación de plaquetas en un vaso sanguíneo da lugar a la formación de coágulos y la posibilidad de trombosis.

Los casos notificados se presentan más en personas jóvenes, pero no se han identificado condicionantes previos de salud predictivos o anticipatorios del riesgo a sufrir esta grave reacción adversa, por suerte muy infrecuente.

Los informes sobre los coágulos han llevado a los gobiernos a tomar decisiones apresuradas, muchas veces contradictorias, ocultando la publicación de datos fidedignos sobre la incidencia. En un principio se restringió su administración a personas mayores, para a continuación recomendarla en ese grupo etario, sin explicar (y aún menos justificar) porqué se tomó primero una decisión y luego la contraria.

La vacuna de Oxford-Astra-Zeneca tenía, a priori, varias ventajas de tipo logístico: era mucho más barata que las desarrolladas por otros laboratorios y, además, era más fácil de manipular al tener menos exigencias térmicas de almacenaje y distribución. Ha sido la vacuna mayoritaria en más de 100 países.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA, de su acrónimo en inglés European Medicine Agency) ha declarado que el trastorno de coagulación es muy infrecuente y que la relación beneficio versus riesgo sigue siendo favorable. Sin embargo, un riesgo de efecto adverso potencialmente mortal, aun cuando sea extremadamente raro, se consideraría inaceptable en otras circunstancias.

Hasta ahora se han notificado 222 casos de graves problemas de coagulación en 30 países de la Unión Europea junto con Liechtenstein e Islandia. Dado que se la vacuna se ha inyectado en alrededor de 34 millones de personas, la incidencia actual se estima en 1 caso de cada 100.000 vacunados.

Un hecho inexplicable es que el riesgo parece ser mayor en personas jóvenes, grupo etario con menos probabilidad de sufrir la forma grave de covid-19. Por esta razón, cuando se redacta este texto (13 de abril 2021), no se ha decidido la conveniencia de exponer a una segunda dosis a las personas que han recibido una dosis inicial, o bien conformarse con un menor grado de protección, que solo es estimativo.

Alemania, Países Bajos, Filipinas, Portugal y España recomiendan la vacuna a personas de más de 60 años (España en el grupo entre 60 y 69 años); Canadá y Francia la administrarán a mayores de 55 años; Australia a personas de más de 50 años; y Bélgica a quienes tengan más de 56 años. Reino Unido, donde se desarrolló la vacuna, ofrece vacunas alternativas a partir de los 30 años.

La universidad de Oxford ha suspendido un estudio clínico de dos meses que se había iniciado en niños y adolescentes.

Otros países (Noruega, Dinamarca, Camerún y la República Democrática del Congo) han interrumpido la administración de la vacuna.

En este mar de confusión, Francia y Alemania han propuesto, contraviniendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que aquellas personas de menos de 55 años que han recibido una primera dosis de la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca, puedan recibir una segunda dosis de otra de las vacunas disponibles (Pfizer-BioNTech o Moderna Therapeutics). [Recordemos que la vacuna desarrollada por Janssen Pharmaceutica, del grupo Johnson and Johnson precisa una única dosis].

La vacuna de Oxford-Astra-Zeneca no está autorizada en Estados Unidos. Aun cuando la multinacional sueco-británica ha declarado su intención de solicitar la aprobación a la Food and Drug Administration estadounidense (US-FDA), bajo «criterio de emergencia», en las actuales circunstancias es poco probable que el gobierno federal [de Estados Unidos] autorice su utilización.

La Agencia Europea del Medicamento ha obligado a Astra-Zeneca a modificar la ficha técnica de su vacuna (ahora re-denominada Vaxzevria®) para incluir el riesgo de trombos entre sus potenciales, aunque muy raros, efectos adversos.

La revista The New England Journal of Medicine ha publicado dos estudios: en el primero, realizado en Alemania, describió a 11 pacientes, de ellos 9 mujeres de edades entre 22 y 49 años. Al cabo de entre 5 y 16 días de recibir la dosis de vacuna aparecieron uno o varios coágulos. De los 11 pacientes, 9 desarrollaron trombosis venosa cerebral; algunos tuvieron también trombos en pulmón y abdomen. De los 11 pacientes descritos en el estudio, seis fallecieron, en todos los casos por hemorragia cerebral.

Aunque la mayoría (9 de 11) eran mujeres, no se puede inferir que sean más susceptibles que los hombres. Se debe tener en cuenta que muchos trabajadores sanitarios en Alemania son mujeres; y fueron los primeros en recibir la vacuna.

De todos los afectados, solo 1 tenía una condición clínica previa que la predisponía a problemas de coagulación. Sin embargo, los autores del estudio consideran que este hecho jugó un papel menor en la reacción a la vacuna que debutó un mes después de la administración de la dosis.

Existe una clara evidencia (según los autores del estudio) que la vacuna anti-covid-19 de Oxford-Astra-Zeneca induce en algunos pacientes el desarrollo de un tipo de anticuerpos que activan las plaquetas, pudiendo derivar en problemas de coagulación (trombosis).

En Alemania se han identificado hasta ahora 40 casos de entre 1,4 millones de personas vacunadas. La incidencia es muy baja, pero no despreciable teniendo en cuenta la gravedad de la reacción adversa.

Estos inusuales anticuerpos provocan un síndrome denominado trombocitopenia trombótica inmunitaria. ¿Por qué se produce esta reacción adversa? La vacuna anti-covid-19 de Oxford-Astra-Zeneca emplea un adenovirus de chimpancé para albergar el ADN que contiene la información para la síntesis de la proteína S del coronavirus SARS-CoV-2. [Las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna Therapeutics usan ARN mensajero para la síntesis de la misma proteína S]. La investigación se centra en el adenovirus de chimpancé utilizado, o en el ADN obtenido por la transcripción inversa del ARN mensajero vírico. [Recordemos que el coronavirus SARS-CoV-2 es un virus ARN].

La reacción (trombocitopenia trombótica inmunitaria) guarda similitudes con un efecto adverso conocido, pero muy infrecuente, durante los tratamientos con heparina, por lo cual se contraindica el uso de este fármaco anti-trombosis como tratamiento de la reacción desencadenada por la vacuna.

El segundo informe procede de Noruega. En él se describe a 5 pacientes, un hombre y 4 mujeres de entre 32 y 54 años que sufrieron procesos de coagulación al cabo de entre 7 y 10 días de la administración de la vacuna. Cuatro desarrollaron graves procesos cerebrales de coagulación; tres fallecieron. En los cinco pacientes el primer síntoma fue la cefalea intensa; y en todos los casos se detectaron elevados títulos de anticuerpos activadores de plaquetas.

Al igual que en el estudio alemán, antes citado, el tratamiento consistió en inmunoglobulinas intravenosas (para reducir el nivel de anticuerpos activadores de plaquetas).

El viernes, 9 de abril, la Agencia Europea del Medicamento comenzó a analizar notificaciones de potenciales casos de coagulación con la vacuna de Janssen Pharmaceutica (perteneciente a la multinacional Johnson & Johnson).

Las últimas noticias (día 13 de abril) refieren la interrupción de la vacunación con el preparado de Johnson and Johnson en Estados Unidos, así como la suspensión de la importación de dosis por los países de la Unión Europea.

Zaragoza, a 13 de abril de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


Katalin Karikó se crio en su Hungría natal. Su sueño de ser científica le llevó a emigrar a Estados Unidos a la edad de 20 años (ahora, año 2021, tiene 66). Durante años tuvo trabajos precarios, sin acceder a un puesto relativamente estable y adecuadamente remunerado. Sus estudios en colaboración con Drew Weissman de la universidad de Pensilvania sentaron las bases teóricas que han hecho factible las vacunas anti-covid-19 de los laboratorios Pfizer-BioNTech y Moderna Therapeutics.

Su investigación se centró en el ARN mensajero (un transcrito del ADN que codifica la síntesis de proteínas), en la convicción de que este trascendente ácido nucleico se podría inyectar en las células para que fabricasen medicamentos e incluso vacunas.

Sus proyectos se consideraron poco viables, obligándole a pasar de un centro de investigación a otro buscando mentores. A pesar de los contratiempos profesionales (nunca tuvo emolumentos acordes con sus trabajos), su entusiasmo por la investigación científica no decayó Es el precio que han de pagar quienes persiguen ideas que contravienen los convencionalismos científicos. Las ideas de Katalin Karikó sobre el ARN eran heterodoxas en su época.

Nadie podía prever que esas investigaciones harían posible las primeras vacunas contra la pandemia covid-19, desbrozando la senda para otras potenciales vacunas contra otras enfermedades, desde la gripe a la malaria.

Durante la primera parte de su vida vivió en Kisujszallas, una pequeña ciudad de provincias en Hungría, doctorándose en la universidad de Szeged, trabajando con posterioridad en el Centro de Investigación Biológica.

En 1985, cuando el programa de investigación se quedó sin fondos (el colapso del gobierno comunista era inminente), Katalin Karikó, su esposo y su hija de 2 años emigraron a Filadelfia, Estados Unidos, trabajando como estudiante post-doctoral en la universidad de Temple. Como el gobierno húngaro no permitía sacar del país más de $100 (aproximadamente 80€), cosieron 900 libras esterlinas (alrededor de 1.000€)- todos sus ahorros – en un osito de peluche de su hija, Susan, quien andando el tiempo se convirtió en ganadora por dos veces de la medalla olímpica de remo.

Se interesó (se apasionó sería más adecuado) por el ARN, mensajero en una época en que se ignoraba casi todo sobre esta molécula más allá de su papel de intermediaria entre los genes (el conjunto del ADN) y las proteínas. Entonces parecía imposible sintetizar incluso pequeñas moléculas de ARN en un laboratorio; y, aun menos introducirlas en el interior de las células para que se tradujesen en proteínas.

En 1989 comenzó a trabajar con Elliot Barnathan, cardiólogo de la universidad de Pensilvania, asistente de investigación y, en consecuencia, sin acceso a las subvenciones necesarias para llevar a cabo ambiciosos programas de investigación.

Con precariedad financiera Elliot Barnathan y Katalin Karikó proyectaron insertar moléculas de ARN mensajero en el interior de las células, en la esperanza de que se tradujeran en proteínas. La primera proteína que querían obtener era el receptor de la uroquinasa. [La uroquinasa es una proteína descubierta en el año 1947 por McFarlane y Pilling]. El éxito de la investigación dependía de que la proteína así sintetizada se engarzase a su receptor fisiológico. Tras muchas pruebas fallidas, al final llegó el éxito: el ARN introducido en una célula en cultivo (in vitro) codificaba la proteína. El hallazgo era de enorme trascendencia: teóricamente las células podían sintetizar cualquier proteína insertando el ARN mensajero correspondiente. Las aplicaciones clínicas de este hallazgo solo parecían tener un techo: la imaginación de los propios investigadores.

La verdadera valía de la investigación no es realizar experimentos que confirmen las teorías, sino que pueden contradecirlas, aceptando modestamente sus resultados. Los fracasos son siempre (o casi) la antesala del éxito.

Una de las primeras potenciales aplicaciones de la nueva técnica era tratar a pacientes que desarrollaban coágulos tras cirugía cerebral al objeto de prevenir los potenciales ictus. Trataban de que las células sintetizasen una proteína necesaria para la acción del óxido nítrico. una sustancia que causa vasodilatación, pero solo durante una fracción de segundo (milisegundos). Esta sustancia no se puede inyectar. Todos los experimentos realizados fracasaron; y el grupo de trabajo perdió la financiación. La investigación sobre las aplicaciones del ARN mensajero se estancó.

Fue entonces cuando inició la colaboración con Drew Weissman. Proyectaban desarrollar una vacuna contra la infección por VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana, causante del SIDA).

Hasta entonces los experimentos con ARN se habían llevado a cabo en células in vitro (en cultivo). En ese entorno el ARN mensajero parecía funcionar, pero no cuando se inyectaba en animales de experimentación (roedores). De hecho los ratones a los que se inyectaba el ARN mensajero enfermaban: su pelaje se alteraba, se encorvaban y dejaban de comer. Pronto se descubrió que el ARN foráneo actuaba como un antígeno que desencadenaba una intensa respuesta inmune en los ratones. No parecía haber una explicación, dado que el ARN inyectado era idéntico al fabricado por las propias células del animal. ¿Qué los hacía distintos?

Observaron que el ARN mensajero causa esa reacción inmune, pero no otro tipo de ARN (ARN de transferencia) al que se une los aminoácidos que se insertan en la cadena proteica en formación siguiendo el patrón del ARN mensajero. La respuesta de esta diferencia radica en un nucleótido, la pseudouridina, presente en el ARN de transferencia pero no en el ARN mensajero. En esta mínima diferencia se halla la clave para la tolerancia del sistema inmune al ARN mensajero inyectado.

La simple adición de seudouridina al ARN mensajero lo protegía frente al sistema inmune. Hela aquí, la clave para que se pudiera inyectar ARN mensajero en las células sin desencadenar una potente respuesta inmunológica. En aquel momento, nadie vio las implicaciones del descubrimiento. No se anticipaba qué utilidad podría tener la inyección de ARN mensajero.

Todavía más: muchas revistas médicas de prestigio rechazaron la publicación de  la investigación. Cuando finalmente apareció en Immunity, el trabajo apenas despertó interés en el ámbito científico.

Weissman y Karikó continuaron sus investigaciones: inyectaron en monos ARN mensajero que actúa como molde para la síntesis de una trascendente proteína (eritropoyetina) que estimula la síntesis de hematíes. Se podía inferir que, siguiendo esta metodología, se podría fabricar casi cualquier proteína (insulina por ejemplo); y, ¿por qué no, también vacunas? Teorizando, se podría inyectar el ARN mensajero que codificase alguna proteína vírica imprescindible para desencadenar la infección, en lugar del virus completo atenuado.

Tras ser rechazados por muchas empresas, Moderna Therapeutics (Estados Unidos) y BioNTech (Alemania) se interesaron por el potencial de los hallazgos de Drew Weissman y Katalin Karikó. [La multinacional estadounidense Pfizer se asoció con la biotecnológica alemana BioNTech].

Los primeros ensayos clínicos de una potencial vacuna basada en ARN mensajero se dirigieron hacia la gripe estacional, el citomegalovirus y el virus Zika. Luego llegó el coronavirus SARS-CoV-2.

Desde su descripción por June Almeida se sabía que los coronavirus son esferoides tachonados de proteína a modo de espinas que posibilitan la entrada en las células que infectan.

Los primeros días de 2020, cuando solo existía una poco definida preocupación por una inusual neumonía entre algunos ciudadanos de la ciudad china de Wuhan (provincia de Hubei) se publicó online la secuencia completa del nuevo coronavirus responsable.

Partiendo de los conocimientos, BioNTech  y Moderna Therapeutics modelizaron sus vacunas en pocos días. Luego vendría el problema de perfeccionar la formulación y estudiarla, primero en animales experimentales, más tarde en ensayos clínicos en humanos.

Conceptualmente, ambas vacunas están elaboradas para introducir el ARN mensajero de la proteína que sobresale del esferoide vírico. De ahí que a esta proteína se le denomine S (del inglés, Spike, espiga o espícula). La proteína S aislada actuaría como un antígeno que estimularía al organismo a sintetizar anticuerpos específicos, reaccionando de manera rápida y contundente ante la infección por el coronavirus completo.

La formulación galénica de la vacuna era compleja: el ARN mensajero no se puede inyectar directamente. Necesita ser encapsulado en una burbuja de lípidos (liposoma) que lo vehiculice al interior de las células. Por fortuna los liposomas ya se habían desarrollado, fundamentalmente por el grupo de trabajo de Pieter Cullis, de la universidad de la Columbia Británica, en Canadá.

Otra notable dificultad era aislar la proteína S del coronavirus, problema que Barney Graham de los National Institutes of Health, y Jason McClellan, de la universidad de Texas, resolvieron en muy poco tiempo.

Pfizer publicó los resultados preliminares de los ensayos clínicos en humanos el 8 de noviembre (2020). De hecho, Drew Weissman Katalin Karikó se hallaban entre las primeras personas vacunadas.

Zaragoza, a 10 de abril de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


La úlcera de Buruli es una infección bacteriana carnívora indolora que causa un tipo de úlceras muy complejas. Aunque es una infección conocida, su incidencia está aumentando en regiones costeras del sureste de Australia. En muchos pacientes debuta con la apariencia de una quemadura solar, pero evoluciona con inflamación y supuración. La bacteria responsable (Mycobacterium ulcerans) destruye el tejido subcutáneo, a veces hasta la gangrena, siendo necesarios injertos e incluso la amputación de miembros. Se trata de una bacteria carnívora de crecimiento lento pero insidioso. Es la infección por micobacterias más prevalente tras la tuberculosis (Mycobacterium tuberculosis) y la lepra (Mycobacterium leprae). [Buruli es una región de Uganda].

Algunos tratamientos contra la tuberculosis y la lepra se han probado de manera empírica en la úlcera de Buruli.

La úlcera de Buruli se presenta en, al menos, 33 países de África. En ausencia de tratamiento antibiótico y/o quirúrgico termina desfigurando e incapacitando al infectado.

En la costa suroriental de Australia los casos, muy esporádicos, comenzaron a ser más frecuentes a partir de finales de la década de 1940; en el año 2016 se notificaron 180 casos; en 2018 se produjeron 340; y ahora se han visto casos en los suburbios de Melbourne, una metrópoli de alrededor de 5 millones de habitantes.

Se ignora cómo se ha propagado la infección en una de las regiones más prósperas socioeconómicamente de Australia con una población similar a la de España, aproximadamente 50 millones de habitantes.

Los expertos creen que la úlcera de Buruli, y casi dos de cada tres enfermedades emergentes (tal como el covid-19) son zoonosis, esto es, enfermedades que saltan de los animales a los humanos, tal vez por la convivencia con animales exóticos y/o por la invasión humana de sus nichos ecológicos.

En el caso de Australia la teoría más extendida es que las zarigüeyas, marsupiales con apariencia de roedor, portan la bacteria. El contagio humano se produce por la picadura de mosquitos que han estado en contacto con las heces del marsupio.

La bacteria causante de la úlcera de Buruli ha coexistido con las zarigüeyas (probablemente también con otros animales) tiempo ha. La intromisión humana ha permito que la bacteria dé el salto a los humanos. Hasta ahora, la única medida adoptada por las autoridades sanitarias australianas ha sido reducir la población de mosquitos transmisores de la infección bacteriana.

Sin embargo esta política choca con los ecologistas contrarios al uso masivo de insecticidas. Además, las zarigüeyas son animales protegidos.

La sociedad mundial se ha vuelto muy sensible ante las zoonosis (enfermedades infecciosas que pasan de los animales al hombre), sobre todo con la actual pandemia de covid-19.

La úlcera de Buruli es una enfermedad grave que puede terminar en la amputación del miembro afectado, sobre todo en personas ancianas y vulnerables. Las heridas tardan muchos meses en cicatrizar dejando graves secuelas físicas y psicológicas.

Algunas úlceras son muy profundas llegando al hueso, a pesar de lo cual suelen ser indoloras. La toxina segregada por la bacteria debilita la respuesta inmune del paciente mientras la bacteria destruye el tejido subcutáneo.

La profilaxis de la infección es imposible. El tratamiento, otrora quirúrgico, se realiza en la actualidad mediante ciclos de 8 semanas de tratamiento antibiótico:

  • Rifampicina per os (10mg/Kg, día) junto a Estreptomicina intravenosa (15mg d.).
  • Rifampicina per os (10mg/Kg, día) asociado a Claritromicina per os (7,5mg/Kg, dos veces al día).
  • Rifampicina per os (10mg/Kg, día) asociado a Moxifloxacino (400mg d.).

Sin embargo, ninguno de los tratamientos citados ha sido contrastado en ensayos clínicos estandarizados.

El tratamiento antibiótico se ha de asociar siempre al quirúrgico (desbridar la herida y, con frecuencia, injertos de piel). El proceso de curación es complejo, prolongado en el tiempo, no siempre resolutivo y, en ocasiones, con secuelas (discapacidad permanente).

Se ha de realizar un diagnóstico diferencial entre la úlcera de Buruli y otros tipos de úlceras, tales como leishmaniosis cutáneo-mucosa («botón de oriente»), infecciones fúngicas complejas, úlceras diabéticas, nódulos tuberculosos, y úlceras debidas a insuficiencia vascular, junto a otras patologías menos comunes.

Zaragoza, a 7 de abril de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes


En mayo del año 1919, la revista Science publicaba un artículo de George A. Soper titulado «las lecciones de la pandemia».

George A. Soper, ingeniero civil y sanitario, había pergeñado un plan para ventilar el suburbano (metro) de New York. Su prestigio era anterior: ya en el año 1904 había relacionado una serie de brotes de fiebre tifoidea con una cocinera, Mary Mallon, que era inmune a la infección (Typhoid Mary, the first asymptomatic superspreader known to moderm science). En efecto, Mary Mallon fue la primera persona supercontagiadora de que se tenga registro en la ciencia médica moderna.

Era el año 1919; la pandemia de la erróneamente denominada gripe española (1918-1919) parecía llegar a su final, dejando un rastro de más de 50 millones de muertos (equivalente a unos 200 millones extrapolando a la población mundial actual). La mortalidad es imprecisa; tal vez fue superior, en cualquier caso mayor que la debida a las dos guerras mundiales juntas. Uno de los aspectos más asombrosos de la pandemia de gripe española era que se ignoraba todo sobre ella: los virus no se habían descubierto, creyéndose que se trataba de una infección bacteriana causada por especies del género Influenzae, error que perdurado semánticamente, razón por la que el término inglés para la gripe es influenza, a veces abreviado como flu. De hecho, el virus causante de la pandemia de 1918-1919 se descubrió durante la década de 1990, designándose virus de influenza tipo A H1N1.

La gripe española era una infección respiratoria cuya complicación era la neumonía. Faltaban bastantes años para el descubrimiento de los antibióticos que, además hubiesen sido inútiles al tratarse de una infección vírica.

La actual pandemia de covid-19 está causada por un tipo de coronavirus, designado SARS-CoV-2, derivado de otro (SARS-CoV) surgido también en China en 2003, cuya extensión pandémica fue limitada por un hecho trascendente: solo los infectados sintomáticos eran contagiosos, a diferencia del actual en que las personas transmiten la infección antes de que debuten los primeros síntomas. Aquella otra infección por coronavirus de comienzos de siglo quedó constreñida a menos de diez mil casos en todo el mundo, aun cuando la mortalidad fue elevada (aproximadamente el 10% de los infectados).

Otras diferencias importantes con la pandemia de 1918-1919 es que, pocos días después de aparecer los primeros casos de la actual pandemia, se había conseguido secuenciar su genoma (estructura genética); y, en breve tiempo (menos de un año) se han desarrollado varias vacunas; las mutaciones se monitorizan y se lleva un registro de casos. Sin embargo, en muchos aspectos no se ha mejorado sustancialmente: no se disponen de medicamentos específicos que contrarresten la infección, obligando a usar de modo empírico, y arriesgado fármacos diseñados para otras indicaciones en la esperanza de que los beneficios superen los evidentes riesgos.

Hace más de dos décadas que se anunciaba una posible pandemia, bien es verdad que de gripe (una segunda gripe española, rémora de aquella otra de hace un siglo). No se prestó atención a los augurios. No parecía creíble que algo así pudiera suceder. Incluso centros médicos referenciales tardaron en reconocer la transmisión aérea de la infección, perdiéndose un tiempo valioso.

Se trabaja mal bajo presión, tanto individual como colectivamente. Este es el caso en la actual pandemia covid-19. Es como enderezar el rumbo de un barco cuando el agua de las sentinas llega a la cubierta. Bajo estas condiciones se propende a tomar decisiones rápidas, improvisadas y muchas veces fallidas.

EL BROTE DE CORONAVIRUS SARS-CoV-2

Los CDC estadounidenses (Center for Disease Control and Prevention) consideran el año 2020 como el más mortífero de la Historia reciente de Estados Unidos; una situación no muy distinta de la vivida en otros países, España entre ellos, no superada ni por el aciago trienio de la Guerra Civil (1936-1939), considerando cada año individualmente.

Y todo ello a pesar de las restricciones sociales y emocionales (aislamiento, limitación de movimientos, ansiedad, angustia y depresión) y la pérdida de familiares y amigos, sin los efectos lenitivos del duelo. Quizás así se haya logrado refrenar la rápida expansión del virus que, de otra manera, habría terminado por afectar a casi toda la Humanidad. Un año después (escribo esto los últimos días de marzo de 2021), la sociedad continúa temerosa, asumiendo como inevitables las restricciones y sin un faro al que aferrarse en medio de la tormenta. La actual pandemia (¡quién nos lo iba a decir!) tendrá un efecto dicotómico: la sociedad será diferente, lo seremos también cada uno de nosotros. Para un número impresionante y, hoy por hoy, imposible de estimar con fiabilidad no podrá ser: habrán muerto, muchas veces en amarga soledad, sin opción a un soporte ventilatorio. Éticamente es insoportable, intelectualmente es inaceptable. Cuando todo pase, habrá que exigir responsabilidades, no tanto por acción como por omisión. Nuestras libertades se han visto recortadas en aras de un bien superior, salvar la vida de nuestros conciudadanos. Existe el riesgo de irreversibilidad de la pérdida de nuestros derechos civiles.

La industria farmacéutica ha abandonado años ha, la investigación a futuro en búsqueda de beneficios inmediatos. Es así como el mundo carece de eficaces medicamentos antivirales que hubiesen impedido la actual crisis sanitaria mundial. Pero tales proyectos solo se pueden llevar a cabo a largo o muy largo plazo.

Hemos descubierto que el progreso tecnológico y la especulación solo ofrecen ventajas a grupos sociales muy limitados, mientras empobrece y conduce a un reduccionismo perverso al conjunto de la sociedad. Nadie ha cuestionado las políticas basadas en la codicia que se aplican cual mantra económico desde hace muchos años. ¡De aquellos barros estos lodos!

Volviendo a los textos publicados por George A. Soper a raíz de la pandemia de gripe de 1918-1919, algunos de sus consejos siguen estando vigentes: evitar el hacinamiento y usar mascarillas que eviten los aerosoles al respirar o hablar.

También entonces las recomendaciones tuvieron sus detractores, sus indiferentes. Al igual que ahora, hace un siglo faltaron personas con la autoridad y credibilidad necesarias para generar confianza en sus decisiones.

Hay, no obstante, otro aspecto importante: la sociedad actual, como la de hace un siglo, no puede vivir aislada; es un desafío ético que no podrá mantenerse durante mucho tiempo porque compromete la salud y el bienestar. Podemos hacer prevalecer la ética del deber sobre la ética del deseo, pero esta situación no puede perdurar. Las religiones, las asociaciones varias, incluso las revoluciones crean los vínculos en los que se sostiene nuestra sociedad. Somos individuales en la medida que cedemos parte de nuestra unicidad al grupo. El escenario actual nos impide la cercanía, el contacto (físico y afectivo), nos aísla y torna peligrosos para nuestros semejantes. Este modo de proceder es contrario a la razón, incluso a la salud individual y colectiva.

Una semana antes de que se publicase Lessons en 1919, George A. Soper publicó otro artículo en el New York Medical Journal, en el que defendía la creación de una comisión internacional de salud. En su argumentación escribía: …no se debe dejar a los caprichos del azar el avance de [esas] formas de enfermedad, a riesgo de que se conviertan en pestilencias [It should not be left to the vagaries of chance to encourage or stay the progress of those forms of disease, which neglected, become pestilences]. Recomendó la existencia de una agencia supra-gubernamental para investigar y monitorizar las enfermedades peligrosas, añadiendo que debía ser una institución viva, eficiente y enérgica con poderes reales, capaz de hacer grandes cosas [a live, efficient, energetic institution possessing real powers and capable of doing large things].

Su recomendación fue seguida con la Oficina Internacional de Salud Pública, establecida en París en 1908, integrada más tarde en la Organización Mundial de la Salud cuando ésta se creó en 1948.

George A. Soper escribió en 1919: esperemos que el trabajo [de la Organización Mundial de la Salud] constituía en 1948, dos años antes de su muerte sea capaz de anticiparse a la próxima pandemia. Un siglo después estamos lamentando que no ha sido así, tristemente, muy tristemente.

Zaragoza a 31 de marzo de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


Administración de la primera dosis de la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca a Prayuth Chan (66 años), Primer Ministro de Tailandia. Su vacunación fue transmitida online.

 

La interrupción de la campaña de vacunación anti-covid-19 con la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca (ChAdOx1 n-CoV-19, también designada AZD1222) en la mayoría de los países de Europa supone un grave trastorno en la lucha contra la pandemia.

Contrariamente a lo repetido por los gobiernos de los países de la Unión Europea, es prácticamente imposible que el 70% de la población europea se haya vacunado contra el covid-19 antes del próximo mes de septiembre. Gran parte de la población europea sufre restricciones extremas en su quehacer diario, con gravísimo quebranto social, anímico y económico. Además, existe un creciente temor ante una posible tercera (cuarta según algunas opiniones) oleada de la pandemia.

La razón para la suspensión de la administración de la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca se debe a la aparición de trombosis y embolias, una patología enormemente inusual en personas de menos de 55 años, el límite de edad impuesto por las autoridades sanitarias para la inoculación de esta vacuna, si bien en fechas recientes se amplió la edad máxima para la vacunación hasta los 65 años.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA, de su acrónimo en inglés, European Medicine Agency) ha declarado su preocupación por los potenciales efectos adversos (trombosis) notificados en algunas personas vacunadas. Sin embargo, Emer Cooke, director ejecutivo de la EMA ha puesto en duda que exista una relación causal entre la vacuna y las trombosis notificadas. En una conferencia de prensa añadió: …si bien la investigación sigue su curso, estamos [los responsables de la EMA] convencidos que los beneficios de la vacuna [de Oxford-Astra-Zeneca] para prevenir la infección covid-19, sobre todo en su forma más grave, superan los potenciales efectos adversos”.

De momento la interrupción de la vacunación ha generado inquietud entre decenas de millones de personas que, de momento, verán retrasada la segunda dosis de la vacuna, mientras se teme una tercera (o, cuarta) ola pandémica.

Las decisiones de la Unión Europea en materia de vacunas se han caracterizado por mezquindad política, mensajes contradictorios, cuando no claramente engañosos, escasez de suministro y falta de solidaridad entre naciones. Además, la estrategia de vacunación intracomunitaria [de la Unión Europea] se ha centrado en la vacuna desarrollada por Oxford-Astra-Zeneca (no olvidemos que se trata de la vacuna europea).

La posible reanudación de la vacunación está a expensas de la difícil decisión que en un plazo de muy pocos días (finales de marzo) habrá de tomar la Agencia Europea del Medicamento.

Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud, al objeto de evitar el pánico, reafirma la seguridad de la vacuna, al no hallar una relación indubitada entre la vacunación y efectos adversos graves, sobre todo el relacionado con posible trombosis.

La esperanza radica en que millones de personas se han vacunado sin experimentar efectos adversos importantes. Además, los ensayos clínicos previos a su autorización tampoco evidenciaron efectos nocivos significativos.

El laboratorio sueco-británico Astra-Zeneca fabricó alrededor de dos mil millones de dosis destinadas a más de setenta países. La vacuna se vende a  precio de coste (sin ánimo de lucro), es mucho más barata que otras vacunas, no es tan exigente en su conservación, habiéndose enviado a países con bajos ingresos adheridos al programa mundial de intercambio de vacunas Covax.

Hasta el día 14 (marzo) la Unión Europea disponía de alrededor de ocho millones de dosis de la vacuna sin utilizar (datos del European Centre for Disease Prevention and Control). Los 27 países de la Unión Europea (junto con Suiza e Islandia) habían inyectado la vacuna a 42 millones de personas aproximadamente.

A título de comparación, en Estados Unidos (donde la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca no ha sido aprobada) se vacuna diariamente a 2,4 millones de personas; y el número total de vacunados (con las dos dosis de las vacunas de Pfizer-BioNTech o Moderna Therapeutics) supera ya los 100 millones, aproximadamente la tercera parte de la población. Muy recientemente han aprobado la vacuna de Johnson and Johnson, que solo requiere una inoculación.

Cuando se redacta este texto (16 de marzo, 2021) Astra-Zeneca todavía no ha presentado solicitud de autorización al Organismo regulador estadounidense, la Food and Drug Administration, más conocido por su acrónimo FDA.

En contraposición a la decisión europea de dejar en suspenso la vacunación, Tailandia ha iniciado un programa para la vacunación masiva de toda su población, siendo el Primer Ministro el primer vacunado (véase fotografía al inicio del texto). Sin embargo, esto sucedió solo un día después de haber interrumpido el inicio de la campaña La sorpresiva decisión se justificó en la información recibida de la Organización Mundial de la Salud y de la propia European Medicine Agency.

Tailandia usa la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca, junto con otra de fabricación propia, de la empresa tailandesa Siam Bioscience, que espera producir 61 millones de dosis a finales del presente año, 2021. Siam Bioscience también fabrica para Tailandia la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca.

No solo Tailandia, también Australia e India (el tercer país más poblado del mundo) continúan usando la vacuna de Oxford-Astra-Zeneca. El laboratorio esgrime esta información para cuestionar la relación causal entre los coágulos de sangre y la administración de su vacuna.

Sin embargo, Indonesia (el segundo país más poblado del planeta) ha retrasado el inicio de la vacunación hasta que las dudas se resuelvan.

La vacuna de Oxford-Astra-Zeneca, cuyo empleo se ha autorizado en más de 70 países, es fundamental para naciones con rentas bajas, al ser más barata y menos exigente en los requisitos de conservación en frio.

Australia no ha interrumpido el programa de vacunación, al no tener constancia de ningún problema de coagulación entre la población vacunada. Astra-Zeneca es fundamental para la vacunación en Australia, donde se fabrican las 53,8 millones de dosis que el gobierno precisa.

Sucede lo mismo en India, donde la vacuna se produce en el propio país bajo el nombre registrado de Covishield®.

Zaragoza, a 17 de marzo de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


El sábado, 6 de marzo de 2021, el gobierno federal de Estados Unidos, siguiendo las recomendaciones de la Food and Drug Administration (FDA) autorizó con criterio de emergencia sanitaria la vacuna anti-covid-19 del laboratorio Johnson & Johnson, si bien en la Unión Europea la comercializa el laboratorio  Janssen Pharmaceutica.

En Estados Unidos, la vacuna de Johnson & Johnson se añade a las otras dos actualmente comercializadas, las de Pfizer-BioNTech, y la de Moderna Therapeutics.

Con 100 millones de dosis de Johnson and Johnson, junto a las 600 millones de dosis añadidas a las ya entregadas hasta ahora por los laboratorios Pfizer-BioNTech y Moderna Therapeutics, se prevé que todos los adultos estadounidenses se puedan vacunar durante los próximos cuatro meses.

¿Qué diferencia a la vacuna anti-covid-19 de Johnson & Johnson?

La diferencia más importante es que solo se precisa una inoculación.

Otra distinción es que mientras las vacunas anti-covid-19 de Pfizer-BioNTech y Moderna Therapeutics usan ARN mensajero, la de Johnson and Johnson usa ADN obtenido a partir de la transcripción inversa del ARN del SARS-CoV-2. Este ADN se integra en un adenovirus (Ad26) que actúa como vector. El ADN que porta la información genética del coronavirus se integra en el ADN del propio adenovirus. El adenovirus Ad26 se ha modificado previamente para anular su potencial patogenicidad, si bien mantiene su capacidad de estimular el sistema inmune de los vacunados.

La vacuna ha sido desarrollada por Janssen Pharmaceutica en colaboración con Beth Israel Deaconess Medical Center. La denominación preclínica de la vacuna es 78436735, también designada Ad26.COV2.S. La vacuna de Johnson & Johnson tiene en común con la  de Oxford-Astra-Zeneca que está formulada a partir de ADN encapsulado en adenovirus (un adenovirus de chimpancé en el caso de Oxford-Astra-Zeneca; y el adenovirus Ad26 en el de Johnson & Johnson).

El laboratorio Johnson and Johnson lleva décadas de investigación de posibles vacunas usando adenovirus como vectores. En julio de 2020 consiguió la autorización por la European Medicine Agency de la primera vacuna basada en esta tecnología contra el virus ébola. Además, existe un proyecto, todavía en fase de investigación, de otra vacuna contra el virus Zika.

Al ser una vacuna que usa ADN no precisa condiciones de congelación (muy extremas en el caso de la vacuna de Pfizer-BioNTech), siendo suficiente su conservación en condiciones de refrigeración (entre 2 y 8 grados Celsius).

Johnson and Johnson comenzó a investigar su vacuna anti-covid-19 en enero de 2020, contando con financiación del gobierno federal estadounidense, dentro de la Operation Warp Speed.

En julio (2020) se inició un ensayo clínico combinado (fases 1 y 2) usando una única administración.

En agosto el gobierno federal [de Estados Unidos] firmó un compromiso de adquisición de 100 millones de dosis por mil millones de dólares.

En septiembre, se inició el ensayo clínico fase 3. En base a sus resultados la Food and Drug Administration informó favorablemente, y el gobierno federal [de Estados Unidos] ha autorizado su comercialización.

En el estudio clínico fase 3 participaron 39.321 personas de Sudáfrica, Estados Unidos, México y algunos países de Sudamérica. Los participantes se distribuyeron de manera aleatoria en dos grupos: grupo de estudio (19.630) y grupo placebo (19.691). La vacunación ofreció una protección aproximada del 67% frente a la infección moderada a crítica durante al menos los 14 días siguientes a la vacunación; y una protección prácticamente idéntica (aproximadamente 66%) frente a la infección de moderada a crítica durante los 28 días siguientes a la inoculación de la dosis.

Una reevaluación de los primeros resultados incrementó el porcentaje de protección hasta 77% y 85% respectivamente.

No existe información sobre la duración temporal de la protección ofrecida por la vacuna.

Los efectos adversos registrados durante el ensayo clínico fueron: dolor en el lugar de inyección, cefalea, fatiga, mialgias (dolores musculares) y náusea. En la mayor parte de los casos los efectos adversos se catalogaron de moderados y graves, persistiendo 1 o 2 días.

La aprobación de la FDA está condicionada a que Janssen Biotech Inc lleve un registro de potenciales efectos adversos, con especial vigilancia de posibles casos de inflamación multisistémica y cualesquiera otros que precisen hospitalización.

La Unión Europea firmó el 8 de octubre el compromiso de compra de 200 millones de dosis. Cuatro días más tarde (12 de octubre) se interrumpe el ensayo clínico por la notificación de una reacción adversa que el laboratorio catalogó, sin mayores explicaciones, como «enfermedad inexplicable». Tras una anamnesis de la persona afectada, el ensayo clínico se reanudó el día 23 (octubre 2020).

Un segundo ensayo clínico fase 3, comenzó el 16 de noviembre, con objeto de confirmar que la protección lograda con una sola administración era adecuada y suficiente.

Hasta donde se sabe, la vacuna de Johnson & Johnson es efectiva para prevenir las formas graves (por consiguiente para reducir la mortalidad por covid-19). En este sentido su eficiencia se considera similar a las de Pfizer-BioNTech y Moderna Therapeutics. La eficacia de la vacuna de Johnson & Johnson para prevenir la infección en su forma leve parece ser algo menor que la de las otras dos con las que se ha comparado.

Una ventaja de la vacuna de Johnson & Johnson es que es válida frente a la mutación B.1.351 (la variante genética sudafricana), altamente contagiosa.

Por otra parte, la vacuna [de Johnson and Johnson] no precisa almacenamiento a temperaturas tan bajas como la de Pfizer-BioNTech. No pierde eficacia conservada en un refrigerador doméstico durante al menos tres meses. En este sentido también es ventajosa en relación a la de Moderna Therapeutics cuya eficacia prácticamente desparece tras un mes descongelada.

Zaragoza, a 12 de marzo de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


Alrededor de la década de 1930 las tierras altas de Nueva Guinea continuaban siendo un territorio ignoto para el mundo desarrollado, habitado por gentes todavía ancladas en muchos aspectos en la Edad de Piedra.

Los primeros contactos con Occidente se produjeron hacia 1952 cuando varias patrullas militares se internaron en el Australian Trust Territory para pacificar los conflictos violentos entre las diferentes etnias de esas remotas y aisladas regiones. En estas comunidades seguían siendo habituales las prácticas de brujería, incluido el canibalismo, en el que los muertos eran ritualmente cocinados y consumidos por sus familiares.

Se cree que el navegante portugués Jorge de Meneses fue en 1526 el primer visitante europeo de una de las islas (no la principal) a la que denominó Ilhas dos Papuas (traducible por «islas de gentes de pelo difuso»).

Unos años más tarde el español Íñigo Ortiz de Retes bautiza la isla principal Nueva Guinea en razón de la semejanza étnica de sus habitantes con los de la Guinea africana.

En el año 1920 la Sociedad de Naciones convirtió la isla en un fideicomiso de Australia, incluyendo los archipiélagos de  Bismark y Salomón. Hoy día la isla se divide en dos partes: Nueva Guinea, perteneciente a Indonesia; y Papúa Nueva Guinea, nación independiente desde 1973.

El 6 de diciembre de 1953, J R. MacArthur había escrito: observé como una niña, sentada al lado del fuego, sufría violentos movimientos de los miembros y su cabeza temblaba mientras se movía de atrás hacia delante de una manera espasmódica. [Los nativos] explicaron que era consecuencia de la brujería. La niña, temblorosa, incapaz de comer, acabó muriendo al cabo de algunas semanas. [I observed a small girl sitting down beside a fire. She was shivering violently and her head was jerking spasmodically from side to side. I was that told that she a victim of sorcery, and would continue this shivering, unable to eat, until death claimed her within a few weeks].

Los miembros de las patrullas militares denominaron a esta extraña enfermedad kurú (que en la lengua hablada por los lugareños significaba «temblor causado por miedo o frio»). El hecho llamó la atención de Vicent Zigas, un médico alemán, aunque nacido en Tallin (actual Estonia) en 1911 quien a comienzos de la década de 1950 adquirió la nacionalidad australiana viajando a Nueva Guinea como médico rural. Enseguida se integró en lo que denominaba el paraíso verde, aprendiendo a comunicarse con la tribu Fore. Su objetivo era mejorar las muy precarias condiciones de vida de esas gentes mediante la erradicación del canibalismo, la  mejora de la higiene y alimentación.

Zigas se interesó de modo especial por las regiones donde se manifestaban los casos de kurú, una inexplicable enfermedad degenerativa y mortal. Gracias a su integración en las comunidades primitivas logró enviar muestras de suero y tejido cerebral de fallecidos al Walter and Eliza Hall Institute, de Melbourne, Australia, para su estudio detallado, en busca de una posible explicación, tal vez un microorganismo infeccioso.

Por aquella época, Daniel Carleton Gajdusek, un virólogo estadounidense, se unió a Vicent Zigas en sus trabajos de campo. En el año 1957 Gajdusek y Zigas publicaron un trabajo profusamente ilustrado de la extraña enfermedad: Zigas V., Gajdusek D.C. Kuru: clinical study of a new syndrome resembling paralysis agitans in natives of the Eastern highlands of Australian New Guinea. Medical Journal of Australia 1957; 2: 745-753. En ese mismo año (1957), ambos (Zigas y Gajdusek) publicaron en la revista New England Journal of Medicine un exhaustivo trabajo, de extenso título: Degenerative Disease of the Central Nervous System in New Guinea-The Endemic Ocurrence of Kuru in the Native Population.

La integración de Vicent Zigas en las comunidades tribales facilitó su propia investigación junto a la de su colega estadounidense, Daniel Carleton Gajdusek. Ambos ensayaron numerosos fármacos sin lograr resultado alguno.

La enfermedad neurodegenerativa debutaba con ataxia progresiva e insidiosa (pérdida de la coordinación motora). Este signo clínico era reconocido antes por otras personas que por el propio afectado. Simultáneamente aparecían artralgias (dolor en las articulaciones), cefalea, tos, fiebre y un tipo peculiar de balanceo al desplazarse que los locales describían como si hubiesen «perdido las rodillas». Los afectados, mayormente mujeres y niños, sufrían estrabismo y un temblor progresivo que terminaba por hacer imposible cualquier actividad, sufriendo incontinencia y postración hasta la muerte final. La enfermedad era siempre mortal, generalmente menos de un año desde la aparición de los primeros síntomas.

Las mujeres y niños eran las principales víctimas de la comunidad, probablemente porque durante las prácticas de canibalismo los músculos y tejidos magros del familiar eran ingeridos por los hombres, mientras los tejidos blandos (entre ellos el cerebro) servían de alimento a mujeres y niños, tal vez para preservar en la comunidad el espíritu del difunto.

A partir de 1965 la incidencia de kurú disminuyó progresivamente (sobre todo entre los niños) debido a las mejoras en la higiene y la progresiva erradicación del canibalismo gracias a la influencia occidental.

Esta enfermedad guarda semejanzas con otras encefalopatías espongiformes (nombre derivado de que el aspecto de los cerebros de los fallecidos remeda una esponja, más que una masa compacta, debido a la masiva pérdida de materia gris). Entre estas encefalopatías espongiformes se hallan el scrapie del ganado lanar (lo que los pastores suelen denominar las «ovejas modorras»), la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob (variante humana de la denominada «enfermedad de las vacas locas») y la enfermedad de Gerstmann Sträusser. La enfermedad de Creutfeldt Jacok era conocida en Occidente desde la segunda década del siglo XX. En el primer año de esa década Hans Gerhard Creutfeldt realizó la anamnesis en una mujer de 22 años con una demencia neurodegenerativa progresiva. Muy poco tiempo después, Alfons Maria Jacob detalló el cuadro clínico en cuatro pacientes con sintomatología similar. Desde entonces se han descrito otros casos, casi siempre con un patrón sintomático similar: debutan con pérdida de memoria, disminución de la actividad intelectual, grave deterioro de la capacidad de juicio, temblor y ataxia (los dos últimos signos por afectación del cerebelo). La pronta aparición de la ataxia suele ser indicativa de una evolución muy rápida hacia una demencia muy profunda. En cualquier caso, la enfermedad es irremisiblemente mortal.

En el año 1966, Gajdusek, Gibbs y Alpers demostraron experimentalmente que la inoculación de una suspensión de extractos cerebrales de víctimas del kurú en chimpancés desencadenaba en los simios una enfermedad semejante a la humana. El que inicialmente se consideró el «virus del kurú» (hoy se sabe que se trata de un prion, apócope de proteína infecciosa) no se destruye por ebullición. Con la desaparición del canibalismo, la enfermedad (kurú) desapareció en las tribus de Nueva Guinea, pero su estudio hizo posible la explicación de otras encefalopatías espongiformes. La denominación (prion) fue acuñada por su descubridor, Stanley B. Prusiner, galardonado por ello con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en el año 1977.

Si hasta entonces los virus se consideraban los microorganismos más básicos capaces de desencadenar enfermedades neurodegenerativas irreversibles, el kurú permitió el descubrimiento de que proteínas aisladas, resistentes a enzimas (proteasas y nucleasas), formaldehído, calor o radiaciones ionizantes, podían desencadenar terribles enfermedades neurodegenerativas. Todavía más: las proteínas podían auto-replicarse sin intermediación de ácidos nucleicos. De hecho, estas proteínas infecciosas (priones) no son excepcionales, sino proteínas fisiológicas presentes de manera habitual en las neuronas que, por razones ignoradas, han modificado su configuración y conformación haciéndose resistentes a la degradación fisiológica (esto es, a la proteólisis).

Daniel Carleton Gadjusek teorizó que el kurú de estas tribus caníbales de las tierras altas de Nueva Guinea podría haber surgido a partir de otra enfermedad de las ovejas (scrapie), habiendo pasado a los monos. Se sabe también de otras encefalopatías que afectan a visones, mulas y ciervos. La práctica del canibalismo habría dado lugar al kurú, de modo similar a cómo la costumbre aberrante de alimentar con carroña al ganado vacuno (animales herbívoros) habría sido el origen la denominada «enfermedad de las vacas locas»; y la tradición culinaria no tan lejana en el tiempo consumir ojos o sesos de animales sería el origen de la enfermedad de Creutfeldt-Jacob humana.

Daniel Carleton Gajdusek recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1976, ex aequo Baruch S. Blumberg, por la investigación sobre el origen de enfermedades infecciosas.

Vicent Zigas, injustamente ignorado en la concesión del Premio Nobel, tal vez por su condición de outsider, falleció en 1988, habiendo dejado escrito un libro publicado post-mortem sobre el kurú y su experiencia vital con la tribu Fore de Nueva Guinea: Laughing death. The untold story of kuru. Humana Press, Totowa, New Yersey. [Laughing – reír en inglés – hace referencia a que el deterioro neurológico da lugar a crisis espasmódicas que remedan un ataque de risa].

Zaragoza, a 9 de marzo de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes. Zaragoza


El desarrollo de las vacunas contra el SARS-CoV-2, responsable de la infección covid-19, se ha logrado en un tiempo impensable hace pocos años, quizás con demasiada rapidez a la luz de hechos recientes. Algunas de las cuestiones que se plantearon tiempo ha, con otras vacunas para otras enfermedades infecciosas, siguen siendo actuales. La principal, ¿quién se debe vacunar primero?, ¿cómo hacer cumplir las prioridades?, y ¿quién, y cuánto, se ha de pagar? Demasiados actores, a veces mandando, otras huyendo de sus responsabilidades, decidiendo de manera desorganizada y contradictoria, improvisando en medio del incendio.

La retrospectiva puede servir de referencia. He aquí algunos ejemplos:

1803: VIRUELA.-

Antes de esa fecha, en 1796, el médico británico Edward Jenner desarrolló la primera vacuna de la historia partiendo de la observación de que las ordeñadoras de vacas contraían una forma benigna de viruela vacuna que les otorgaba protección de por vida frente a la forma humana, muy grave, con elevada mortalidad y graves e irreversibles secuelas en muchos de los supervivientes. De hecho la palabra vacuna deriva del término latino para referirse al mamífero rumiante (vacca).

Con anterioridad  al desarrollo de la vacuna se practicaba la variolización, arriesgada técnica en la que las costras de supervivientes de la viruela se insertaban bajo la piel de personas sanas. Algunos contraían la viruela en toda su gravedad, muriendo en ocasiones, pero los que sobrevivían lograban inmunidad permanente. Cuando esta práctica llegó a Gran Bretaña traída por la esposa del embajador en Constantinopla (hoy día Estambul), esta metodología se usó con relativa frecuencia, antes de la observación de Jenner que conduciría a la vacuna senso stricto. Los médicos británicos viajaban por los pueblos diseminando deliberadamente la viruela de las vacas para inmunizar a la población, sobre todo a los niños. A este se le puede considerar el primer programa de vacunación.

Esta sistemática funcionó a escala local (Inglaterra), pero no cuando se trataba de inmunizar poblaciones cultural y geográficamente muy lejanas. En este sentido, el ejemplo español nunca se valoró de modo suficiente. En la época, España seguía siendo un país exótico, apenas visitado por viajeros románticos. En el año 1803 el médico alicantino Francisco Xavier de Balmis y Berenguer, cirujano de la corte del Carlos IV (una de cuyas hijas había fallecido de viruela) partió del puerto de La Coruña en la que se conocería como Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. El barco llevaba a niños expósitos a los que se había inyectado la vacuna de la viruela. Cuando estos niños desarrollaban las costras variólicas, éstas se raspaban e injertaban bajo la piel de los brazos de otros niños. De esta manera el virus variólico se mantuvo viable durante el largo viaje oceánico, de más de dos meses.

Cuando el barco atracó en Puerto Rico (primera escala en tierras americanas), solo un niño [de la expedición] portaba el virus variólico viable, esto es, con capacidad de inmunizar. Partiendo de este niño la vacunación se fue extendiendo por los distintos países en los que atracaba el barco: tras Puerto Rico, las siguientes singladuras se produjeron en varias islas del mar Caribe, México (entonces denominada Nueva España), Guatemala, Venezuela; y continuó bordeando las dos costas de Sudamérica, en expediciones secundarias. Al cabo de diez años la expedición (no el barco original) llegó a Filipinas y algunas regiones orientales de China.

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna solo tuvo parangón, pero en una dimensión mucho más reducida, con el programa de vacunación variólica que Gran Bretaña llevó a cabo en India (entonces parte del imperio británico).

Cuando el virus variólico atenuado (la vacuna de la viruela) llegó en los brazos de los niños (no existía otra manera de transportarla en el largo viaje transatlántico) la enfermedad ya estaba asentada en territorio americano, donde se cree que llegó alrededor de 1518 llevado por los conquistadores, causando una enorme mortandad entre aquellas gentes carentes de cualquier tipo de resistencia genética a la infección. Es imposible conocer la morbilidad y mortalidad inicial, que algunos investigadores estiman en la mitad de la población aborigen.

Se cree que la primera epidemia en territorio americano se produjo en Boston (Norteamérica) en el año 1721. Las campañas de vacunación fueron muy polémicas, no pocas veces violentas, ante acusaciones de expandir la enfermedad. En este sentido el compromiso humanitario y la propia tragedia personal de Benjamín Franklin fue paradigmática.

En España, a diferencia de otros países europeos, la práctica de la variolización (antecesora de la vacuna) no fue popular antes de 1770. Sin embargo, se había usado, aunque esporádicamente en territorios americanos (Santiago de Chile en 1765; Caracas en 1776; Lima, en 1777; y México entre los años 1779 y 1797, por citar algunos ejemplos).

La vacuna de Edward Jenner (sustituta definitiva de la mucho más arriesgada práctica de la variolización) llegó a España en el año 1800, al año siguiente de su mención en una revista (Seminario de Agricultura y Artes). A finales de 1801, se habían llevado a cabo programas de vacunación en Cataluña, Madrid, País Vasco y Navarra, las regiones más adelantadas de un país mayoritariamente pobre y analfabeto. Todos los intentos de mantener la vacuna viable fuera del cuerpo de sus portadores fracasaron. Ello condujo a la decisión del rey Carlos IV, siguiendo las recomendaciones del Consejo de Indias, a introducir la vacuna en las posesiones ultramarinas (de Occidente y Oriente) mediante un método novedoso, y arriesgado: en los brazos de niños. La vacuna se mantendría viable pasándola de unos niños a otros.

Finalmente la expedición se dejó en manos de Francisco Xavier de Balmis y Berenguer, que formaba parte del equipo de cirujanos de Carlos IV. Este médico y cirujano había participado activamente en las vacunaciones en Madrid, además de haber traducido en 1801 un tratado escrito por Moreau de la Sarthe sobre la técnica de vacunación. El objetivo de la expedición era triple: la vacunación gratuita de la población general, el adiestramiento de los médicos y sanitarios locales, y la creación de Juntas de Vacunación en los países visitados. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna embarcó a varios médicos, enfermeras; y, los más importantes, veintidós niños expósitos que actuarían como portadores vivos de la vacuna durante los aproximadamente dos meses de viaje oceánico. Todos estos niños se hallaban bajo la responsabilidad de Isabel Zendala y Gómez, única mujer de la expedición.

La goleta, con el nombre de María Pita, zarpó del puerto de La Coruña un 30 de noviembre de 1803. Siguiendo la ruta habitual, para aprovechar los vientos alisios, se dirigió primero a las Islas Canarias, donde también realizaron valiosas tareas de vacunación, muy apreciadas por la población local. Desde allí iniciaron la larga travesía que les llevó a Puerto Rico, donde atracaron en febrero de 1804. A su llegada, Balmis y sus colegas constataron que la vacuna ya se había introducido en la isla cercana de St. Thomas por otra expedición danesa, para controlar una epidemia anterior.

La expedición española decidió continuar su viaje a Venezuela (marzo de 1804), sin haber completado su programa de vacunación en Puerto Rico. Durante las sucesivas campañas de vacunación se añadían nuevos niños inmunes, oriundos de las tierras visitadas, al objeto de que los virus variólicos siguieran siendo viables.

Un efecto incidental de la expedición fue que algunos niños que salieron huérfanos de España acabaron siendo adoptados en diversos países americanos, iniciando una verdadera nueva vida.

La expedición inicial de dividió en otras varias, que fueron expandiendo la vacunación por otros lugares de la entonces América Hispana que, en aquellos años, incluían también territorios sureños de lo que hoy es Estados Unidos, como Texas.

Según algunas estimaciones, solo en México (Nueva España) se vacunaron más de 100.000 niños, la población más susceptible. Con 27 niños mexicanos, Balmis inició en Acapulco en febrero de 1805 otra expedición que le llevaría a Filipinas. Con buen criterio, al velero se le bautizó con el nombre de Magallanes, pero las condiciones del viaje fueron bastante míseras (escasas raciones alimenticias, suciedad, hacinamiento). Con todo, la expedición llegó a Filipinas, donde se procedió a la vacunación hasta donde era posible. Antes de su regreso a México en 1807, como se habían comprometido con las familias de los niños embarcados, la expedición [Magallanes] hizo escalas en Cebú, Mindanao y otros lugares.

Balmis se embarcó hacia las tierras continentales de Asia (septiembre de 1805), vacunando a amplios grupos de población de la colonia portuguesa de Macaco, pero también en Guangzhou – transliterado al español como Cantón), en China.

Durante su campaña asiática, Balmis trabajó en estrecha colaboración con la British East India Company en el año 1805, curiosamente el mismo año que España y Gran Bretaña se enfrentaban bélicamente en Trafalgar (octubre de 1805).

Francisco Xavier Balmis y Berenguer regresó en una fragata portuguesa, tras una breve escala en la isla de Santa Helena en 1806 (donde casi una década después terminaría sus días, desterrado, Napoleón Bonaparte). Finalmente Balmis desembarcó en Lisboa siendo recibido más tarde por Carlos IV en septiembre de 1806.

Ya en España continuó trabajando en los programas de vacunación contra la viruela, hasta la invasión de las tropas napoleónicas.

Balmis viajó de nuevo a México focalizando su esfuerzo en la vacunación de las poblaciones indígenas. Durante su estancia en el país azteco estalló la Guerra de la Independencia [mexicana] en septiembre de 1810. En su condición de cirujano asistió tanto a los insurgentes como a los monárquicos.

En 1813 regresó a España, ya definitivamente, siendo nombrado (1815) cirujano de cámara de Fernando VII, y miembro de la Real Academia de Medicina al año siguiente (1816). Falleció en Madrid en 1819, a los 65 años.

Sería injusto no mencionar la sub-expedición Salvany, un grupo que se introdujo en las elevadas y climatológicamente adversas tierras andinas. De hecho, el propio Salvany realizó toda su expedición en precarias condiciones de salud. El grupo debió disgregarse en equipos más pequeños que, no pocas veces, tenían que ser rescatados por gentes locales. A pesar de todo visitaron y llevaron a cabo vacunaciones en poblados y misiones donde los frailes eran los únicos contactos. Salvany llegó incluso a presentar su tesis doctoral sobre aspectos de la vacunación en la Universidad de San Marcos, Lima, Perú, en noviembre de 1806. La enfermedad cardíaca que padecía se agravó durante sus viajes por las elevadas regiones de Cuzco, Nazca, Arequipa y las orillas del lago Titicaca (septiembre de 1807). Dejó constancia de haber vacunado a más de 200.000 personas en Perú. Su cada vez más precaria salud jamás doblegó su voluntad, viajando en botes, mulas e incluso a lomos de porteadores humanos. Sus días terminaron en Cochabamba, actual Bolivia, en julio de 1810.

Gragajes y Bolaños (otros miembros de la expedición Salvany) llevaron la vacuna desde Lima a Chile, alcanzando Valparaíso en diciembre de 1807. Cuatro años, y una revolución después, navegaron desde el sur de Chile hasta el puerto peruano de El Callao, concluyendo la expedición sudamericana en 1812.

1947: OTRA VEZ LA VIRUELA

Durante el siglo XX las campañas de vacunación contra la viruela habían domeñado la enfermedad. Ya no se desencadenaban los tan temidos brotes epidémicos de antaño. Tal vez por ello, cuando aparecieron algunos infectados en New York en el año 1947, poco antes del desfile de Pascua, durante una primavera excepcionalmente cálida la inquietud se adueñó de las autoridades. En este escenario adquirió notoriedad Israel Weinstein, comisionado de salud de la metrópoli. Recomendó la vacunación masiva de la población (¡alrededor de seis millones de vacunados en menos de 1 mes!), incluso si se habían vacunado cuando niños o en su condición militar durante la todavía muy reciente Segunda Guerra Mundial. El programa fue un éxito: tan solo dos personas murieron, una de ellas el paciente cero, un agente comercial que había llegado a la ciudad tras un largo viaje en autobús procedente de ciudad de México. Tuvo que ser ingresado, falleciendo unos días más tarde.

Vacunación durante el brote de viruela de 1947 en New York

Israel Weinstein que actuó con diligencia, coherencia e indubitada eficacia, renunció a su cargo en noviembre del mismo año, 1947, sin querer vivir de los réditos de su éxito.

1955: POLIOMIELITIS

El 12 de abril de 1955, el gobierno de Estados Unidos autorizó la primera vacuna contra la poliomielitis (polio). Enseguida se organizó un extenso programa de vacunación, dirigido sobre todo a los niños, las principales víctimas de la infección.

Corría el año 1955. La sociedad estadounidense estaba segregada por el color de piel, y los niños afroamericanos tenían un peor acceso a la vacunación en relación a los niños blancos por razones no siempre raciales, sino asociadas a la menor concienciación de la población negra, más pobre y con mucho peor acceso a los programas de salud (History of Vaccines Project, del College of Physicians of Philadelphia).

Niños con secuelas de poliomielitis (fotografía no datada)

Poco tiempo después, la vacunación generalizada se interrumpió tras notificarse que varios niños desarrollaron parálisis de tipo poliomielítica en los brazos (en que se inoculaba la vacuna) en lugar de las piernas, los miembros que, de sólito, sufrían parálisis. Más de 250 casos se atribuyeron a defectos en la fabricación de las vacunas por el laboratorio californiano Cutter Laboratories. Al parecer los virus usados para formular las vacunas no se habían inactivado del modo adecuado. El Organismo Regulador de Fármacos y Alimentos estadounidense (Food and Drug Administration) elevó sus exigencias, no solo para las vacunas, sino también para todos los medicamentos.

Tras este lamentable incidente, la vacunación contra la poliomielitis se reanudó. A la primera vacuna inyectable elaborada con virus muertos desarrollada por Jonas Salk, se añadió a partir de 1962 otra formulada con virus inactivados diseñada por Albert Sabin, cuyos primero estudios de eficacia se llevaron a cabo en la URSS, lo que llevó a que Albert Sabin fuese investigado por el comité de actividades anti-americanas. Hay que tener en cuenta que eran los años álgidos de la Guerra Fria.

Tras varias polémicas, ambas vacunas se demostraron eficaces para prevenir la polio, una infección que, hoy día, ha sido erradicada en los países desarrollados, si bien se continúan notificando casos en países con muy bajos estándares de desarrollo socioeconómico.

1976: GRIPE PORCINA

El 20 de febrero de 1976, la prensa de divulgación se hacía eco, con injustificado alarmismo, de que la más famosa y erróneamente denominada gripe española (1818-1819) había resurgido.

Un militar estadounidense en Fort Dix, New Yersey, había fallecido víctima de un tipo de gripe porcina, genéticamente idéntica al que causó la gripe española. El entonces Presidente de Estados Unidos, Gerald R. Ford se apresuró ante el Congreso estadounidense, que aprobó un presupuesto para la adquisición con extrema urgencia de más de 200 millones de dosis de vacuna. Lejos del éxito esperado, la vacuna causó un inesperado número de casos del denominado Síndrome Guillain Barré, una enfermedad neurológica (secuela conocida pero extremadamente infrecuente tras la administración de cualquier vacuna). El programa de vacunación se interrumpió, no siendo necesaria su reanudación, dado que el virus quedó constreñido al estamento militar donde había surgido, y el primer militar contagiado fue el único fallecido.

2009: GRIPE AVIAR (H1N1)

Este serotipo del virus de la gripe aviar H1N1 apareció en un niño en México durante la primavera de 2009, una estación inusual para que se produzcan brotes epidémicos de gripe. La fotografía del niño mexicano llenó la prensa divulgativa y las televisiones en todo el mundo.

Los primeros informes fueron muy alarmistas, dado que la gripe porcina se manifestaba con mayor gravedad entre niños, jóvenes y mujeres (sobre todo embarazadas), pero afortunadamente la gripe no adquirió tintes pandémicos, como se temió. Las personas de 65 o más años parecían haber desarrollado resistencia natural a la infección.

Cuando se dispuso de una vacuna monovalente (Pandemrix® desarrollada por GlaxoSmithKline), en el otoño (a los 7 meses del caso notificado en México) su utilización fue muy escasa. La irrelevancia de la amenaza pandémica sirvió de argumento para muchos grupos contrarios a la vacunación. Además, se notificaron supuestos casos de narcolepsia (un trastorno relacionado con hiperinsomnio diurno), primero en Finlandia, más tarde en otros países europeos. Sin embargo diversos estudios retrospectivos no hallaron vinculación entre la narcolepsia y la vacuna. Pandemrix® nunca se autorizó en Estados Unidos, pero sí en la Unión Europea.

2010: VACUNAS DE ROTAVIRUS PORTADORAS DEL CIRCOVIRUS PORCINO

Bajo la ampliación de un microscopio electrónico (véase micro-fotografía), los rotavirus tienen una peculiar apariencia de rueda (de ahí el nombre). Es un virus ARN bicatenario sin envoltura. El virus consta de seis proteínas estructurales y cinco no-estructurales.

El contagio de la infección por rotavirus es vía fecal-oral, pero también a través del agua o alimentos contaminados (el virus pervive en los fómites). La infección por rotavirus es la principal causa de diarrea en niños menores de cinco años. El patrón epidemiológico de contagio es estacional, predominante durante los meses cálidos.

Los niños pueden llegar a deshidratarse, precisando ingreso hospitalario. En países pobres causa una elevada mortalidad infantil.

El circovirus es común entre los cerdos. [Existen otros circovirus que afectan a otras especies animales]. En el año 2010 se descubrió que las vacunas contra el rotavirus (Rotarix® y RotaTeq®) contenían en su composición circovirus porcino tipo 1, que no causa enfermedad ni en animales ni en el hombre, el cual se contagia por consumo de productos derivados del cerdo. La presencia de circovirus porcino no se ha mostrado dañina durante la administración de las vacunas contra el rotavirus.

De los ejemplos citados, solo la viruela se ha conseguido erradicar como enfermedad humana en 1980, no habiéndose notificado ningún nuevo caso desde entonces en todo el mundo. Conseguirlo fue una tarea titánica y prolongada en el tiempo. La lucha contra la actual pandemia [covid-19] debería aprender de las directrices seguidas por otros trabajadores sanitarios, en otras épocas, con menos medios técnicos, pero con un enfoque global e inteligente que este año aciago, a juicio de quien suscribe este texto, hemos dejado de lado.

Zaragoza, a 2 de marzo de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


Bernard Lown, segundo por la derecha en la fotografía, junto con otros médicos estadounidenses y soviéticos, pertenecientes al International Physicians for the Prevention of Nuclear War. Esta organización recibió el Premio Nobel de la Paz en el año 1985.

 

Bernard Lown, cardiólogo de la universidad de Harvard, Massachusetts, Estados Unidos, no solo cofundó la International Physicians for the Prevention of Nuclear War, organización de trascendentes implicaciones políticas, sino que desarrolló el primer desfibrilador.

Bernard Lown fue pionero en la investigación de la muerte cardíaca súbita. Una de las consecuencias de sus trabajos fue un novedoso método (desfibrilación) para corregir las fibrilaciones (alteraciones del ritmo cardíaco). En el año 1962 se consideraba que las fibrilaciones (auricular y/o ventricular) eran responsables de alrededor del 40% de las muertes de causa cardiovascular, al menos en Estados Unidos.

Conceptualmente el desfibrilador es un dispositivo que desencadena descargas eléctricas sincronizadas de corriente continua con la que se consigue re-sincronizar los latidos cardíacos cuando éstos se tornan caóticos.

El artilugio diseñado por Bernard Lown, tras décadas de investigaciones fallidas, consiguió solventar miles de situaciones con grave compromiso vital y se hizo imprescindible en la cirugía a corazón abierto. Todavía más: representó una piedra angular en las técnicas de reanimación cardíaca, permitiendo el desarrollo de los modernos marcapasos.

Uno de los pacientes más célebres fue el ex-vicepresidente estadounidense Dick Cheney, a quien se le implantó un marcapasos tras varios ataques cardíacos subsiguientes a una enfermedad cardíaca.

A Bernard Lown también se debe la introducción de la lidocaína como medicamento anti-arrítmico.

El compromiso de Bernard Lown contra el desarrollo de armas nucleares en el entorno de la «Guerra Fría» fue más controvertido. En el año 1980 siete médicos estadounidenses y soviéticos, el más célebre de los segundos Yevgeny I. Chazov, cardiólogo y médico personal de varios Secretarios Generales de la Unión Soviética, crearon la International Physicians for the Prevention of Nuclear War. Su objetivo prioritario era la suspensión de los ensayos nucleares pacíficos y el cese de la desbocada carrera para la construcción de estas armas de destrucción masiva, que pudiesen desencadenar un Amagedón nuclear. Esta organización consiguió la adscripción de 135.000 miembros de 41 naciones; de ellos alrededor de 28.000 estadounidenses y 60.000 soviéticos. Un lustro después, en 1985, su labor fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz.

El comité de la Fundación Nobel (el Premio Nobel de la Paz se entrega en Oslo, Noruega) fundamentó su otorgamiento por el considerable servicio a la Humanidad al difundir [la Organización] información autorizada y crear conciencia pública sobre las catastróficas consecuencias de una guerra atómica. Bernard Lown y Yevgueni Chazov, en representación de toda la Organización, recogieron el galardón en el ayuntamiento de Oslo. Los otros cofundadores del International Physicians for the Prevention of Nuclear War fueron Herbert L. Abrams, Eric Chivian y James E. Muller, de Estados Unidos; y Mikhail Kuzin y Leonid Ilyin, de la entonces Unión Soviética.

Si bien la Organización trató de no mostrar afinidad política, muchos quisieron ver en su actividad oscuras estrategias propagandistas soviéticas.

El Premio Nobel de la Paz fue particularmente controvertido para Yevgueni Chazov, miembro del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Fue médico de varios Secretarios Generales del PCUS, entre ellos Khrushchev, Brezhnev, Chernenko e incluso Gorbahev (reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1990, al año siguiente de la desaparición formal de la URSS).

El lado oscuro de Yevgueni Chazov fue su posicionamiento contra la concesión del Premio Nobel de la Paz al físico Andrei D. Sakharov fue, no obstante, le fue concedido en 1975. Recordemos que Andrei D. Sakharov había jugado un trascendente papel en el desarrollo de la bomba de hidrógeno por la Unión Soviética.

Yevgueni Chazov había nacido el 19 de junio del año 1929 en Nizhny Novgorod. Se convirtió en uno de los más prominentes cardiólogos soviéticos, recibiendo numerosas condecoraciones dentro y fuera de la URSS, entre ellas la Medalla de Oro de la Sociedad Europea de Cardiología en el año 2013.

Llegó a ser director del Centro Cardiológico de Moscú en 1976 focalizando sus estudios en la clínica de la aterosclerosis y el infarto agudo de miocardio. Sin embargo, sus trabajos más interesantes se centraron en la terapia trombolítica previa al ingreso hospitalario, una praxis fundamental para la supervivencia de los enfermos.

En un libro de memorias publicado en el año 2008 (Prescription for Survival: A Doctor’s Journey to End Nuclear Madness), Bernard Lown dejó escrito que el fin de la Guerra Fría no había resuelto la amenaza de un cataclismo nuclear.

Bernard Lown, aunque principal representante estadounidense de la Organización (International Physicians for the Prevention of Nuclear War), había nacido en Lituania en el año 1921, nieto de un rabino. Cuando tenía 14 años su familia emigró a Estados Unidos, huyendo de los crecientes pogromos que anticipaban el antisemitismo que se expandió por Europa, no solo en la Alemania bajo el gobierno del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán. La familia se instaló en Maine, donde su padre regentaba una fábrica de zapatos. Bernard Lown se licenció (Bachelor) en zoología en la universidad del estado [Maine] en 1942, graduándose en medicina en la universidad Johns Hopkins en 1945.

Sus ideas cambiaron de manera drástica el tratamiento de los enfermos con cardiopatía congestiva. Algunas ideas parecen simples, pero tuvieron importantes implicaciones médicas, tales como recomendar que los pacientes convalecieran sentados en vez de acostados, lo que impedía la acumulación de fluidos en la cavidad torácica comprometiendo la debilitada función cardíaca. Esta recomendación se publicó en la revista JAMA en abril de 1952 (“Armchair” Treatment of Acute Coronary Thrombosis).

Antes de crear la organización que les conduciría a la concesión del Premio Nobel, fue presidente fundador en 1961 de la Physicians for Social Responsability. Con un presupuesto modesto, llevó a cabo un estudio acerca de las consecuencias de un hipotético ataque nuclear en la ciudad estadounidense de Boston. Los resultados de este análisis prospectivo se publicaron en la revista The New England Journal of Medicine.

En ese mismo año (1961) Bernard Lown se involucró en la organización del Committee of Responsability to Save War Burned and War Injured Children, que trasladó a Estados Unidos a muchos niños norvietnamitas gravemente heridos por el napalm (gasolina ardiente) lanzadas por las tropas estadounidenses durante la Guerra de Vietnam. Esta actividad quedó reconocida con la denominación en el año 2008 de un puente que une las ciudades de Lewiston y Auburn, en estado de Maine, hoy llamado The Bernard Lown Peace Bridge.

Al año siguiente (1962), Bernard Lown redactó un informe para la American Society for Clinical Investigation que preludió a la técnica de la desfibrilación. Los estudios previos habían demostrado que el ciclo de un latido cardíaco contenía dos puntos de vulnerabilidad, cada uno de tan solo unas milésimas de segundo. Las sacudidas de corriente alterna usadas entonces para corregir las irregularidades del ritmo cardíaco eran imprecisas, y no pocas veces, fatales. El dispositivo diseñado por Bernard Lown al que se denominó cardioversor; usaba corriente continua (en vez de alterna) y se sincronizaba para soslayar los «puntos peligrosos» del latido cardíaco. Las pruebas no estandarizadas en unos pocos enfermos fueron favorables; todos sobrevivieron. En 1964 American Optical Company comenzó a fabricar el dispositivo, disponible muy poco tiempo después en miles de hospitales de todo el mundo. El aparato logra restaurar el ritmo cardíaco normal cuando los latidos se tornan erráticos.

Más tarde, Bernard Lown descubrió que el factor desencadenante de ritmos cardíacos anormales no se hallaba en el propio órgano [corazón] sino en el sistema nervioso central, y era muy dependiente del estrés emocional. En el año 1973 concluyó que el sueño era más eficaz que muchos fármacos a la hora de impedir que surgieran ritmos cardíacos peligrosos. Estas investigaciones le condujeron a re-descubrir en 1976 que el denominado «gas de la risa» (óxido nitroso) podía aliviar el dolor agudo asociado a los ataques cardíacos sin adormecer al enfermo. De hecho, Bernard Lown observó las primeras aplicaciones del óxido nitroso durante una visita a un hospital de Moscú. Después, este gas se ensayó en pacientes del Peter Bent Brigham Hospital de Boston.

El óxido nitroso desencadena una sensación de euforia o histeria leve (de ahí, la denominación de «gas de la risa»). No obstante su empleo se remonta al año 1799, cuando sir Humphrey David lo ensayó en sí mismo, sugiriendo su posible utilidad durante los procedimientos quirúrgicos, cuando todavía no se habían descubierto los anestésicos. No obstante, tuvo que pasar medio siglo hasta que el dentista estadounidense Horace Wells generalizara su empleo en su práctica odontológica. El óxido nitroso todavía se emplea en la praxis anestésica.

El alivio del dolor es un problema crítico para los cardiólogos porque la recurrencia del dolor refleja destrucción adicional (necrosis) del músculo cardíaco tras el ataque original. Además, el dolor genera un proceso perverso que incrementa el estrés del enfermo haciendo trabajar más a un corazón ya debilitado.

Una de las ventajas del óxido nitroso es que puede sustituir a la morfina en el tratamiento del dolor asociado a ataques cardíacos, relativamente refractario al tratamiento con opiáceos.

Bernard Lown fundó SatelLife USA, organización filantrópica con sede en Boston que consiguió financiación para lanzar un satélite de comunicaciones en 1991, destinado a capacitar online a miles de médicos y otros trabajadores de salud en regiones empobrecidas de África y Asia.

Además del libro de memorias antes citado (Prescription for Survival: A Doctor’s Journey for End Nuclear Madness), también escribió otros, el más célebre The Lost Art of Healing (1996) y alrededor de 400 artículos científicos. A título individual fue reconocido con numerosos premios, entre ellos el UNESCO’s Peace Education Prize.

Aunque se retiró como profesor emérito de la Harvard’ Public Health School en el año 2000, siguió ejerciendo como médico senior en el Brigham & Women’s Hospital, dirigiendo el Lown Cardiovascular Center, en Brooklyn, Massachusetts.

Bernard Lown falleció, en el último año de la novena década de su vida, a consecuencia de las complicaciones de una enfermedad cardiovascular.

Zaragoza, a 27 de febrero de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza


Cada coronavirus SARS-CoV-2 contiene un ácido nucleico ARN (ácido ribonucleico) de tamaño modesto (alrededor de 30.000 nucleótidos), pero suficiente para infectar células humanas y hacer que la maquinaria bioquímica celular trabaje a su servicio con el único fin de multiplicarse formando nuevas partículas víricas.

Durante este desenfrenado proceso duplicativo (una nueva generación de virus se origina en menos de un minuto) se producen errores (mutaciones). Estas variantes genéticas modifican el genoma vírico (en consecuencia, el propio virus), a veces disminuyendo su capacidad infecciosa; pero otras veces tornándolo más contagioso e incluso más mortífero.

Refiero a continuación las cepas (variantes genéticas) conocidas más importantes:

B.1.1.7.

Notificada primero en Reino Unido se designó inicialmente como 202012/01 (primer caso notificado el 1 de diciembre de 2020). Otra forma de denominarla fue 20I/501Y.V1. Sin embargo la designación que ha perdurado es B.1.1.7

Esta variante genética ha mostrado mayor contagiosidad (30% – 50% mayor en relación al coronavirus SARS-CoV-2 inicial). Aun cuando se afirmó en un principio que no era más grave, la experiencia ha desmontado ese supuesto.

Tras su surgimiento en Reino Unido, se extendió pronto por muchos países. En Estados Unidos su prevalencia se duplicaba cada diez días aproximadamente. Por fortuna las vacunas disponibles se muestran eficaces contra esta variante genética.

La variante B.1.1.7 acumula varias mutaciones en el gen que codifica la proteína S (de Spike, espiga o espícula) que tachona el esferoide vírico y es responsable de la infección de las células. ¿Qué mutaciones acumula la variante B.1.1.7?

  • N501Y: esta mutación da lugar a una proteína S con mayor afinidad por las células que infecta, pero no modifica el engarce de los anticuerpos, desarrollados tras la infección o sintetizados tras la vacunación).
  • P681H: esta mutación se traduce en una mayor producción de proteínas S, por lo tanto incrementa la probabilidad de infección.
  • P69-V70 e Y144/145: ambas mutaciones dan lugar a la síntesis de una proteína S con una conformación alterada que permite al virus soslayar la unión de (algunos) anticuerpos.

La proteína S del coronavirus es multimérica, formada por tres péptidos engarzados, de tal manera que cada una de las mutaciones mencionadas altera cada uno de estos péptidos, esto es, aparece por triplicado en la estructura cuaternaria de la proteína S íntegra.

Aun cuando la se detectó por primera vez en Reino Unido en diciembre de 2020, se estima que ya circulaba en la comunidad desde septiembre. Desde entonces se ha extendido en más de 80 países.

B.1.351

Una variante de B.1.351 designada 20H/501Y.V2 se identificó inicialmente en Sudáfrica en diciembre de 2020.

Esta variante genética es más inquietante porque compromete la eficacia de las vacunas existentes; los anticuerpos se unen débilmente a la proteína S de esta variante genética. Tanto los laboratorios como los Organismos Reguladores están anticipando esta posibilidad.

¿Qué mutaciones acumula la variante genética B.1.351?

  • N501Y: la proteína S derivada de esta mutación muestra más afinidad por las células humanas.
  • K417N: la proteína S resultante de esta mutación se engarza con mayor afinidad a las células humanas.
  • E484K: la proteína S derivada de esta mutación evade la unión de los anticuerpos anti-proteína-S.

La mutación B.1.351 surgió en Sudáfrica, expandiéndose rápidamente a países próximos; y más tarde a otros continentes.

P.1.

La variante genética P.1 guarda semejanzas con la mencionada antes B.1.351, si bien surgió de manera independiente.

Las mutaciones asociadas con la variante genética P.1 son las siguientes:

  • N501Y: esta mutación también está presente en las variantes genéticas B.1.1.7 y B.1.351, citadas antes.
  • K417T: presente también en la variante B.1.357 de origen sudafricano.
  • E484K: permite a la proteína S soslayar el ataque por (algunos) tipos de anticuerpos.

Los primeros casos se notificaron en octubre en Manaus, ciudad costera en el estuario del rio Amazonas, Brasil. Desde entonces se ha expandido a otros países.

Una modificación de la variante P.1, designada como 20J/501Y.V3 se extendió rápidamente por diversos países de Sudamérica, llegando a Japón a través de turistas que visitaron la ciudad amazónica.

Existe el temor que personas que se hayan contagiado con otras variantes del coronavirus, se puedan re-infectar con esta variante.

Otras mutaciones…

Mutaciones simples, algunas ya presentes en otras variantes genéticas, que pueden tornar el coronavirus SARS-CoV-2 más contagioso y refractario a las vacunas. Son éstas las siguientes:

  • D614G: esta mutación apareció en China al inicio de la crisis sanitaria por SARS-CoV-2. La cepa con esta mutación desplazó a las primeras cepas del virus y propició su expansión pandémica.
  • N501Y (en forma aislada): ya comentada al formar parte de otras variantes.
  • E484K (en forma aislada): ya comentada en otras variantes.
  • N501Y: observada (ver antes) en las variantes ya mencionadas (B.1.1.7, B.1.351, y P.1). La mutación N501Y modifica la estructura cuaternaria de la proteína S, aumentando su afinidad por los receptores celulares (ACE2, acrónimo de Angiotensin Convertase Enzyme type 2).
  • E484K: esta mutación aparece independientemente en múltiples variantes del coronavirus SARS-CoV-2. Esta mutación modifica la estructura del extremo apical de la proteína S, entorpeciendo el engarce de los anticuerpos (derivados de la infección o de la vacunación). Esta mutación se observó inicialmente en las variantes genéticas B.1.357 (Sudáfrica) y P.1 (Brasil); y más recientemente en la variante de Reino Unido (B.1.1.7). La mutación E484K también modifica la región más externa de la proteína S, entorpeciendo su unión a los anticuerpos. Esta mutación se ha detectado en Brasil, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Argentina. Un reciente estudio ha detectado una peor unión del coronavirus con esta mutación a los anticuerpos.
  • L452R: inicialmente observada en marzo en Dinamarca, se ha tornado prevalente en California, Estados Unidos. Allí donde aparece desplaza a otras versiones del coronavirus menos virulentas.
  • Q677P / Q677H: esta mutación se ha observado en siete cepas (variantes genéticas) del coronavirus. Los virus portadores de esta mutación son más contagiosos. En estas mutaciones el aminoácido Glutamina (Q) en la posición 677 de la cadena de aminoácidos es sustituido por los aminoácidos prolina (P) o histidina (H). Estas mutaciones, situadas en regiones internas de la proteína S parecen facilitar la entrada del virus en las células humanas. Estas mutaciones, surgidas en México, se han expandido por diversos países.

Existen otras mutaciones más recientes (CAL.20C, B.1.427, y B.1.429) que, hasta donde se conoce, no parecen otorgar al virus mayor contagiosidad, mortalidad y refractariedad frente a las vacunas.

Toda la información precedente, está sujeta a cambios, imposibles de prever cuando se redacta este texto. Solo hay una evidencia en medio de la incertidumbre: nos hallamos en una carrera frente a un virus mefistofélico, capaz de transformarse como un avatar invisible.

Zaragoza, a 18 de febrero de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Florentino Ballesteros, 11-13

50002 Zaragoza